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La fiesta más surrealista del Rey Emérito en un lugar prohibido y con mucho vino

Septiembre arranca muy fuerte para Don Juan Carlos. En su agenda hay una cita importante en Nueva York, pero antes nos sorprende con lo que va a ocurrir este próximo sábado 13

Don Juan Carlos, en la Escuela Naval de Marín en 2024.

Don Juan Carlos, en la Escuela Naval de Marín en 2024.GTRES

David Lozano
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Septiembre arranca con sabor marinero para Don Juan Carlos. El mes le traerá dos pasiones que parecen inagotables: la vela y la buena mesa. A sus 87 años, el padre del Rey Felipe VI se resiste a quedarse en tierra y prepara un calendario que lo llevará desde las rías gallegas hasta la costa neoyorquina.

El plato fuerte está marcado en rojo en su agenda: el Campeonato Mundial de Vela de la clase 6 metros, que tendrá lugar a partir del 17 de septiembre en el Seawanhaka Corinthian Yacht Club, en Oyster Bay, a un paso de Manhattan. Allí, en un entorno donde la historia de la náutica se mezcla con la élite internacional, el emérito volverá a subirse al Bribón 500 con la misma ambición que en 2023, cuando se coronó campeón en la isla de Wight. Aquel triunfo, el tercero de su carrera en la categoría, lo celebró junto a su hija la Infanta Elena con orgullo: “Tenemos un equipo sensacional. Lo hemos luchado mucho”, confesó entonces, bandera en mano, sonrisa intacta. Este año, el guion promete repetirse.

Pero antes de Nueva York, Galicia. Y no cualquier Galicia, sino la más íntima, la que le recibe con el cariño de los de siempre. Este sábado 13 de septiembre, tal y como recoge el portal El Confidencial, Sanxenxo volverá a ser su refugio. El plan es tan contundente como singular: una cena del Emérito con amigos sobre una batea, esas plataformas de madera donde se cultivan los mejillones que dibujan el paisaje de las Rías Baixas. No es un restaurante de postín ni un salón palaciego, sino un escenario surrealista y casi secreto, flotando sobre el Atlántico, con mejillones recién sacados del mar, marisco y abundante vino gallego para brindar. ¿Estará prohibido comer en una batea?

Detrás de este ritual está, como siempre, Pedro Campos, presidente del Real Club Náutico de Sanxenxo y anfitrión incombustible del Rey Emérito. Campos no solo abre las puertas de su casa, sino que también ha ejercido en más de una ocasión de chófer improvisado, recogiéndolo en el aeropuerto de Vigo para conducirlo hasta la ría. En torno a él se mueve ese círculo íntimo que acompaña a Juan Carlos I cada vez que pisa Galicia. Aquí se siente en casa, con una vida social mínima, limitada a visitas a restaurantes discretos, pero siempre arropado por los suyos. Este verano, incluso, ha contado con la compañía de la Infanta Elena, de su hermana Margarita y de los sobrinos María y Alfonso Zurita.

La velada sobre la batea no es solo un homenaje a la gastronomía local, sino también un guiño a esa Galicia que el Rey Emérito lleva grabada en la memoria. Mejillones, mar y amigos: ingredientes suficientes para que la cita se convierta en un rito de fin de verano antes de embarcar rumbo a la gran cita internacional.

Deporte, tradición y mar se cruzan en este septiembre del Rey Emérito. Galicia le ofrece el calor de los íntimos; Nueva York, la posibilidad de medirse de nuevo con los mejores del mundo. Entre una batea y el Bribón 500, entre mejillones y trofeos, Don Juan Carlos sigue escribiendo, a su manera, capítulos inesperados de una vida que se resiste a quedar en el puerto.

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