El gesto de Trump al Rey Felipe: ninguneo a Pedro Sánchez y ridículo internacional de Moncloa
La tensión vuelve a dispararse entre el presidente del Gobierno y el Jefe del Estado. Las últimas provocaciones de TVE han terminado por agotar la paciencia de Zarzuela. Las discrepancias ya son evidentes.

El Rey Felipe y Donald Trump, en la Casa Blanca en el año 2018.
Como les hemos contado estos días en ESdiario, la tensión entre Moncloa y Zarzuela ha encontrado en Televisión Española uno de sus principales campos de batalla. Dos episodios recientes lo confirman y han encendido todas las alarmas en Palacio.
El primero es el arrinconamiento de Audiencia Abierta, el histórico programa que desde hace más de una década relata con detalle la actividad del Rey Felipe VI y la Familia Real. La dirección de RTVE, bajo la batuta de José Pablo López (considerado un hombre de absoluta confianza de Pedro Sánchez), ha relegado el espacio a los sábados a las diez de la mañana, un horario de mínimos que en la práctica reduce su impacto. No es una cancelación formal, pero sí un apagón progresivo. Desde dentro lo definen sin rodeos: “No se atreven a quitarlo porque sería un escándalo, así que lo esconden”. Para Zarzuela, el movimiento encaja en una estrategia más amplia del Gobierno para restar protagonismo institucional al Rey, en línea con episodios anteriores: exclusiones en actos oficiales, marginación en Cataluña o la huida de Sánchez en la visita a Paiporta.
El segundo episodio ha sido aún más explosivo. En Futuro Imperfecto, el programa de Andreu Buenafuente en La 1, se emitió una parodia del Rey Emérito inspirada en la última canción de Sergio Ramos. Lo que se presentó como humor cruzó una línea roja: en Zarzuela calificaron el sketch de “escándalo”, algo prácticamente inédito. Felipe VI, habitualmente contenido, ha mostrado en privado un hartazgo evidente, convencido de que se trata de un nuevo intento de desgaste institucional con la complicidad de Moncloa.
Mientras RTVE se justifica y resta importancia, el malestar en Palacio es creciente. Dos movimientos distintos, pero unidos por un mismo trasfondo: la percepción de que la televisión pública se ha convertido en arma política en la guerra abierta entre Sánchez y la Corona.
Pero a Zarzuela le gusta la venganza en plato frío y de forma institucionalmente exquisita. Y se ha producido este miércoles en Nueva York. Primero el Rey Felipe se ha negado a pronunciar, en su discurso ante el plenario de la ONU, la palabra genocidio. Así, tal y como ha podido saber ESdiario, se lo había exigido Moncloa. Pero Zarzuela ha evitado pronunciarse en esos términos, sobre la guerra entre Israel y Hamás, y sí ha pedido que “se pare la masacre”.
El segundo disgusto para Pedro Sánchez se producía en forma de gestos. Donald Trump ha recibido a Felipe VI con una sonrisa franca, de esas que parecen reservadas para los aliados estratégicos. Y el gesto, aparentemente protocolario, se ha transformado en una bofetada política para Sánchez. Porque mientras el presidente norteamericano esquiva cualquier encuentro y ni siquiera mirada con el jefe del Ejecutivo español y cuestiona abiertamente su política internacional, el Rey Felipe VI ha tenido un trato preferencial por parte del presidente norteamericano.
Incluso ha sido invitado con honores en la recepción del Hotel Lotte New York Palace, con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Es verdad que a esas cita han sido invitados distintos jefes de Estado llegados para la gran cumbre multilateral de las Naciones Unidas..
En Zarzuela defienden que se trata de una invitación meramente protocolaria, una más de las paradas de la agenda internacional del monarca. Pero el eco político es inevitable. El contraste es demasiado evidente: el Rey proyectando estabilidad mientras el presidente Sánchez es un ‘apestado’ en la Administración Trump que, nos guste o no, sigue marcando la agenda política internacional.
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