La UCO remata a Ábalos y Koldo acreditando la orgía y lo que ocurrió en el Parador de Teruel
La Guardia Civil cerca al ex ministro y ex número 2 del PSOE y a su asesor con datos sobre sus excesos y la famosa fiesta de septiembre de 2020 con una furgoneta de señoritas.

José Luis Ábalos a su llegada al Supremo, el 23 de junio de 2025, en Madrid
El caso Koldo sigue dejando sombras más largas de lo que muchos imaginaban. Según publicó recientemente ESdiario, el juez del Tribunal Supremo instructor Leopoldo Puente ha decidido frenar la investigación y blindar los chats personales de José Luis Ábalos, alegando que contienen aspectos vinculados a su “vida íntima”. Detrás de ese gesto aparentemente técnico se esconde una decisión con peso político y judicial: esas conversaciones, según fuentes cercanas a la investigación, incluirían referencias a pagos, favores personales y episodios comprometidos.
Uno de ellos, precisamente, vuelve a agitar los pasillos: la ya célebre noche del Parador de Teruel. Una velada que, según informaciones reservadas, habría tenido lugar en septiembre de 2020 y que la UCO —según diversas fuentes— deja constancia en sus informes como un episodio llamativo dentro de la cronología de movimientos de Ábalos y su entorno más próximo.
La noche en el Parador
De acuerdo con testimonios reservados a los que ha tenido acceso este medio, aquel encuentro no fue una simple estancia institucional. Se habla de una fiesta con tintes escabrosos, destrozos en el mobiliario de varias habitaciones y la supuesta llegada de un microbús con mujeres contratadas para acompañar a los asistentes. Los pagos, según esas mismas fuentes, se habrían realizado en efectivo, con billetes de 500 euros.
La fecha no es menor: a mediados de septiembre de 2020, Ábalos realizó una visita oficial a Teruel como ministro de Transportes. La UCO de la Guardia Civil tiene constancia de esa fiesta en el Parador y rastrea varios movimientos vinculados a Koldo García, su entonces hombre de confianza, quien habría abonado billetes de tren y gastos no justificados coincidentes con aquellos días. Todo ello encaja en una línea de investigación paralela sobre fondos públicos y pagos en metálico fuera de los circuitos habituales.
Desde el entorno del ex ministro se niega tajantemente cualquier vínculo con esa supuesta fiesta. El director del Parador de Teruel, Joaquín Gutiérrez, llegó incluso a declarar en el Senado que “no hubo destrozos ni irregularidades”, asegurando que Ábalos “cenó solo en su habitación y abandonó el hotel a la mañana siguiente”.
El propio Ábalos ha evitado pronunciarse públicamente, aunque quienes le conocen reconocen que la decisión del juez de blindar sus comunicaciones ha supuesto un respiro temporal frente a la presión mediática.
Aun así, el eco de aquella noche sigue flotando y el nuevo informe de la UCO da luz porque, hasta ahora, nadie había logrado demostrar la existencia de la fiesta, pero tampoco se disipaban del todo los rumores. La falta de pruebas oficiales contrasta con los testimonios reservados que apuntan a un exceso impropio de un cargo público y un gasto injustificado en plena pandemia.
El cierre parcial del sumario —especialmente en lo relativo a las conversaciones privadas del ex ministro— ha levantado nuevas sospechas. ¿Qué contienen esos mensajes que el juez ha decidido considerar “vida íntima”? ¿Hasta qué punto se entrelazan lo personal y lo político en esa frontera difusa donde el poder y la privacidad se confunden?
Por ahora, lo único cierto es que el caso Koldo se ha convertido en un laberinto donde cada pasillo conduce a otro más oscuro. El juez guarda los chats bajo llave, los testigos se dividen entre la prudencia y el miedo, y el nombre de José Luis Ábalos vuelve a resonar entre titulares que mezclan política, dinero y noches demasiado largas.