| 04 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El "efecto dominó" que aterra a Sánchez y que siembra de desconcierto Moncloa

El carrusel de debates de política general en las CCAA ha impulsado la rebelión de los barones del PSOE contra el presidente. Puig ha abierto la espita y la navarra Chivite piensa imitarle.

| Javier Ruiz de Vergara España

Justo lo que Pedro Sánchez no quería que sucediera ha pasado en el primer minuto de esta larguísima precampaña electoral. Que el todo PSOE no cierre filas como un solo hombre tras La Moncloa y asuma la estrategia electoral del presidente de dividir a los españoles entre “ricos y poderosos” y “clase media y trabajadora”. La clave de bóveda con la que piensa el líder socialista revalidar su mandato en diciembre de 2023.

Pero han sido esos mismos barones que asintieron ante Sánchez sin decir ni mú en la cumbre socialista del día 19 en Zaragoza los que han dinamitado el discurso del presidente y el núcleo duro de su gobierno.

Sánchez y su núcleo duro saben de primera mano que el pánico se ha instalado en los territorios socialistas y que la marca presidencial y sus políticas lastran tanto como tiraban del carro hace tres años

Liderados esta vez no por el verso suelto que viene siendo el manchego Emiliano García Page, sino por el barón con mayor línea directa y más sintonía con Pedro Sánchez, el valenciano Ximo Puig convertido en el Bruto que acaba de apuñalar al césar de Ferraz.

Fuentes socialistas reconocen el enfado mayúsculo que hay a estas horas en el Gobierno con el presidente valenciano. Sobre todo, porque Sánchez estuvo el viernes con él en Valencia y Puig le ocultó que con su anuncio de rebaja del IRPF iba a desarbolar el primer gran argumento político de la campaña.

Enfado al que se añade el convencimiento de que a Puig le van a seguir otros barones con capacidad para anunciar medidas similares: Javier Lambán que ya dijo este martes que la rebaja del IRPF le parece razonable, y las dos presidentas autonómicas con economías saneadas y renta per cápita más alta como la riojana Concha Andreu y la navarra María Chivite.

 

El escaño vacío de Sánchez este miércoles (por covid) simboliza el guirigay interno en el PSOE.

 

La casualidad ha querido además que las autonomías estén en pleno carrusel de debates de la región, el primer gran escaparate para que los presidentes regionales abran el mercado persa electoral.

Justo lo que Pedro Sánchez no quería que sucediera, ha pasado en el primer minuto de esta larguísima precampaña electoral

Sánchez y su núcleo duro saben de primera mano que el pánico se ha instalado en los territorios socialistas y que la marca presidencial y sus políticas lastran ahora tanto como tiraban del carro hace tres años. Prueba de ello la cartelería de su candidato en Madrid, Juan Lobato, que ha borrado literalmente cualquier signo de las siglas PSOE y el nombre de Sánchez.

 

Otra prueba de máximo nerviosismo la dio este lunes el siempre templado Guillermo Fernández Vara con su exabrupto de que quienes desprecian a Extremadura “se van a meter sus palabras por el culo...”

Las órdenes sobre política fiscal son las primeras que han saltado por los aires. Pero varios barones preparan otra arremetida relacionada con la política de pactos. Es la que abandera Page y Lambán para marcar distancia con el lastre y el legado de los pactos y los cheques con Podemos, Bildu y Esquerra.

Los segundos porque estos aliados antipáticos no cuentan en la batalla electoral autonómica y municipal en sus bastiones. Y los primeros, porque son irrelevantes o se encaminan a serlo en esos caladeros electorales a la hora de futuros pactos.

Lo que más temía Sánchez es que cada líder socialista comience a hacer la guerra por su cuenta en una especie de "sálvese quien pueda". Por lo que tiene de riesgo de efecto dominó en cada decisión o anuncio que adopte cada cúal.

Y es que en La Moncloa son conscientes de que va ser imposible vender el discurso de la igualdad cuando la nómina de un socialista madrileño, valenciano o murciano permita en Navidad un mayor desahogo que la de otros gobernados por presidentes socialistas que se resistan a imitar la aplaudida iniciativa del PP de acompasar los impuestos a la crisis y la inflación. Que ahora secunda Ximo Puig.