| 06 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Urkullu, a las puertas de La Moncloa.
Sánchez y Urkullu, a las puertas de La Moncloa.

Preocupación en el PNV: temen que Sánchez prepara la "OPA hostil" contra Urkullu

Los nacionalistas comienzan a tentarse la ropa y se preparan ante una maniobra auspiciada por Podemos y Esquerra para ampliar al País Vasco la "coalición Frankenstein".

| Javier Ruiz de Vergara España

El Pacto de Irún planea sobre Sabin Etxea, la sede central del PNV, donde en estas horas reina una preocupación que raya en la máxima alerta. Y es que el sanchismo ha desquiciado tanto los pilares básicos de las alianzas políticas tradicionales que hasta el partido de Íñigo Urkullu y Andoni Ortuzar, el gran socio decisivo en la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, parece ahora el gran extraño en la coalición Frankenstein.

El pacto de Irún es, en realidad, el ensayo de una traición que los peneuvistas comienzan a vaticinar y que provoca que, según reconocen fuentes del partido vasco a ESdiario, en el Gobierno Vasco estén con la mosca detrás de la oreja. En Irún el PSOE cambió de caballo a mitad de la legislatura municipal y expulsó al PNV para echarse en brazos de Podemos y Bildu.

Una situación "excepcional", argumentaron socialistas y jetzales por que atribuyeron la ruptura a la mala sintonía personal entre los líderes de ambos partidos en aquella localidad, la segunda más importante y poblada de Guipúzcoa.

El movimiento táctico de Arnaldo Otegi enmendando "de aquella manera" una historia de terrorismo e ignominia ha provocado una reacción sorprendente de PSOE y PNV. De quien se esperaba una reacción cauta, prudente y exigente -el partido que gobierna en Moncloa-: euforia, entusiasmo y absolución de todos los pecados del brazo político de ETA.

De Urkullu, de quien muchos esperaban mayor complicidad con Otegi, máxima cautela, agua fría a la euforia socialista y exigencias a los batasunos para que vayan mucho más allá.

 

 

Junqueras y Otegi, la baza de Sánchez para perpetuarse en el poder.

 

Por eso, a la vista de la reacción de la nueva cúpula socialista nacida del 40 Congreso Federal, en el PNV y en el Gobierno Vasco se han disparado todas las alarmas. Recuerdan los nacionalistas que ya Pablo Iglesias fijó como uno de sus objetivos estrátegicos echar a Urkullu de Ajuria Enea exportando la alianza progresista al País Vasco con un tripartito PSE-Podemos-Bildu. Una apuesta que mantiene viva la líder de los morados, Miren Gorrotxategui.

Por si fueran pocas las señales, en el PNV ha causado también preocupación la renuncia de la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, que a la sazón es la número tres del Gobierno de Urkullu como vicelendakari segunda. Sánchez ha patrocinado la salida de Mendia y su relevo por Eneko Andueza, mucho más proclive al sanchismo y que en su día pidió a su líder que hiciera callar a Felipe González.

El blanqueo definitivo de Bildu, que cabe recordar tiene una alianza estratégica con Esquerra en el Congreso, llega cuando los partidos se afanan en preparar las elecciones autonómicas y municipales de 2022, en las que los de Otegi aspiran a arrebatar parte de su poder al PNV en ayuntamientos y diputaciones, el arco de bóveda de la financiación del autogobierno vasco.

La "pista" de Junqueras

Y el sector del PSOE más afin a Sánchez ve más cerca el viejo anhelo de gobernar a la vez España, Cataluña -a través de un acuerdo PSC-Esquerra-; y el País Vasco -PSE/Podemos/Bildu- arrinconando al PP. La voladura del régimen del 78 que exige la mayoría Frankenstein estaría mucho más cerca en vísperas de las generales de 2023.

Es más, el líder de ERC, Oriol Junqueras, ha dado una pista este martes al afirmar que "la independencia sólo es posible si se empieza a construir desde el mundo municipal", y ha insistido en que las elecciones más importantes son las municipales.