| 04 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en su discurso final en el Congreso de Valencia
Pedro Sánchez, en su discurso final en el Congreso de Valencia

PSOE (Partido Sanchista Obrero Español): Amén

El partido que lidera Pedro Sánchez ya no es el que fue, ni con Felipe ni con Zapatero al frente, aunque necesite echar mano de ambos para apelar a la memoria y ganarse al votante perdido.

| Esther Jaén España

Abandonaban los socialistas la Fira de Valencia, donde celebraron su 40 Congreso durante todo el fin de semana, haciendo apología de la unidad y del buen rollo existente en el PSOE de Sánchez, convencidos de que no hay nada escrito digan lo que digan las encuestas y de que Pedro Sánchez, su recién renovado y aclamado líder, tiene muchos elementos en su mano para poder volver a sentarse en la Moncloa otros 4 años más, tras las próximas elecciones generales.

El PSOE de Sánchez ya no es el que fue, ni con Felipe González, ni con José Luis Rodríguez Zapatero al frente, aunque Sánchez necesite echar mano de ambos para apelar a la memoria y tratar de tocar la fibra del votante que se fue, pero es susceptible de volver a comulgar con el catecismo del PSOE.  

A Felipe González, que fue Dios dentro del partido, lo han exhibido como prueba irrefutable de unidad. Hubo en la parroquia socialista quien esperó incluso la bendición del casi octogenario expresidente. Pero González no se apeó de una sola de sus críticas a la gestión del gobierno de Sánchez y se sintió libre para dar sus buenos palos a los actuales socios parlamentarios del gobierno, otro a los sindicatos, por mantenerse anclados en esquemas antiguos y -a juicio de González- impropios del siglo XXI. González reivindicó el feminismo que había defendido la difunta Carmen Alborch y que parece haber cavado la tumba política de la ex vicepresidenta Carmen Calvo y hasta le pidió a Sánchez que “estimulase” la libertad de expresión y el debate en el seno del partido. ¿Le escucharon?

Si alguien le hubiese contado a Felipe que, abolidos los métodos que garantizaban mayorías a la búlgara, se aprobaría la gestión de una Ejecutiva por asentimiento, creería que alguien se habría vuelto loco en su partido

“Qué flojo ha estado Felipe…” me comentó ya en los pasillos, un miembro de la anterior Ejecutiva, frase que repitió otro de la actual dirección. No se refería a que González mantuviese la voz queda en todo momento, alejado del tono mitinero de  José Luis Rodríguez Zapatero, empeñado en subrayar los logros del gobierno del presidente Sánchez y las continuas zancadillas de la derecha (a las que también hizo mención en algún momento González, por ser justos). A algunos no pareció cautivarles la defensa de la socialdemocracia que hizo González, aunque ayer se partiesen las manos, 24 horas después, aplaudiendo el discurso de Sánchez, quién sabe si por seguir el hilo de González o por darle la réplica bordeando el:  “socialdemocracia soy yo”.

Pero eso es lo que es hoy el PSOE: Pedro Sánchez y su estilo, para los que les gusta y para los que no, aunque ese Sánchez necesita proyectar la imagen de unidad y de complicidad con los anteriores presidentes socialistas. Con Zapatero no hay duda de que la hay. Con González, en cambio, que interprete cada cual su despedida del auditorio, proclamando su lealtad a un proyecto (el PSOE) que hoy lidera Pedro Sánchez.

 

Pedro Sánchez ha renovado su gobierno y a la cúpula de su partido. Concentran varios de sus “ministros para el impulso” cartera en el gobierno y responsabilidad orgánica en el partido. Hay caras nuevas, muchas de ellas femeninas; impera el perfil joven en esta nueva cúpula socialista, presentada ayer en sociedad, con luminotecnia a todo trapo y música rock de fondo, mientras subían al escenario a arropar a su líder. 

Sin debate y con asentimiento general

Lo nuevo, sin embargo, necesita rescatar la mejor cara del PSOE de antaño, la de Felipe González aunque probablemente sea él el único que se resista a decir “Amén”.

Pedro Sánchez va a utilizar partido renovado, fondos europeos en forma de maná, se va a arropar con la gestión de sus antecesores, con la proyección de su propia imagen durante el semestre de presidencia europea de la UE y va a llevar a su partido allá donde se proponga, como ha ocurrido en el 40 Congreso.

Si alguien le hubiese contado a Felipe González que, abolidos los métodos que garantizaban mayorías a la búlgara, se aprobaría la gestión de una Comisión Ejecutiva por asentimiento, seguramente creería que alguien se habría vuelto loco en su partido. Eso es exactamente lo que ha ocurrido este fin de semana en el PSOE. No hubo debate sobre la gestión de la Ejecutiva saliente, nadie se preguntó por qué el secretario de organización, Santos Cerdán, que presentó dicho informe no fue el elegido por el Congreso en su día, José Luis Ábalos, el ex casi todo. Nadie pidió la palabra, nadie abrió el que siempre fue un intenso y extenso debate. Por tanto, se aprobó por asentimiento. Así es el nuevo PSOE. Amén.