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Así pelea UGT por los trabajadores: ganchilleras tejiendo sandías palestinas con tus impuestos
La última de la central sindical es presumir de "proyectos de ganchillo" como hacer lazos morados o rosas de tela para llevar a la tumba de Pablo Iglesias, y desatan entre la risa y la indignación: "Pensaba que era IA"

Ganchilleras de UGT ante la tumba de Pablo Iglesias
Mientras los trenes descarrilan, la inflación aprieta y los trabajadores ven cómo su poder adquisitivo se evapora, UGT demuestra que sigue a la vanguardia de la lucha obrera. Eso sí, no con convenios, ni con protestas laborales, ni con presión al Gobierno que le financia. Con ganchillo. Un grupo de sindicalistas, las orgullosamente autodenominadas ganchilleras UGTistas, ha explicado en un vídeo difundido por ellas mismas cuál es su intensa agenda sindical. El relato es digno de un congreso confederal… pero de manualidades.
Las ganchilleras UGTistas explican que “primero tejieron sororidad”. Literalmente. Un lazo morado de ocho metros para el 8 de marzo. Después dieron el salto internacional y se lanzaron a la geopolítica con sandías palestinas de ganchillo, símbolo de la causa propalestina versión mercería. El éxito, cuentan, fue arrollador: salieron en televisión, se las pidieron representantes políticos y “un montón de gente”. La revolución, al parecer, iba cosida a crochet. Pero no se quedaron ahí. El 25 de noviembre tocaron otro clásico: lavandas de ganchillo contra la violencia de género, incluso con aroma propio, no vaya a ser que la concienciación no huela lo suficiente. Y como colofón, homenaje al “abuelo” Pablo Iglesias, fundador del PSOE y de UGT, con un ramo de rosas también tejido con ganchillo, que luego reconvirtieron en broches. Sindicalismo histórico… pero en fieltro.
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Todo muy comprometido y muy pagado, directa o indirectamente, con dinero público. Porque mientras UGT presume de creatividad con ganchillo, los trabajadores se preguntan para qué sirven exactamente las subvenciones millonarias que reciben los sindicatos. Las redes no tardaron en saltar con comentarios que resumían el sentir general: “Proyecto de las ganchilleras UGTistas es igual a subnormalidades financiadas con impuestos mientras no se invierte en hospitales, educación o vías seguras”, “esto es el triple combo de lo woke”, “os prometo que no es IA”, “Charos chareando” o “el dinero que le da el Gobierno a los sindicatos ya sabemos para qué sirve”.
Y es que la escena es difícil de parodiar, hasta el punto de que una ganchillera parece Florentino Fernández disfrazado para un sketch, como apuntan: un sindicato históricamente obrero convertido en taller de manualidades woke, más preocupado por agradar al poder político que por incomodarlo. Más centrado en símbolos que en defender los derechos de los trabajadores. UGT ya no corta carreteras ni convoca huelgas generales -eso lo harán cuando gobierne el PP-. Ahora hace ganchillo. No negocia convenios: teje sandías. No presiona al Gobierno: le hace regalos de broches de sus ganchilleras UGTistas. Todo muy artesanal, muy inclusivo y muy progresista, y absolutamente desconectado de la realidad de millones de trabajadores que no llegan a fin de mes.
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