El tik tok de sánchez

El último contenido viral muestra a Pedro Sánchez relajándose en los Pirineos tras el revuelo político generado por tensiones internas con Sumar en Palacio de la Moncloa.
Sánchez se va de escapada al Valle de Arán mientras vende alarmismo a los españoles
El presidente convierte TikTok en un escaparate de propaganda personal en plena tensión política, económica y judicial.
Pedro Sánchez ha hecho de TikTok su nuevo ministerio de propaganda. Este fin de semana, el presidente ha vuelto a usar sus redes para exhibir una escapada al Valle de Arán entre bicicletas, paisajes de postal y escenas impostadas con caballos, mientras España vive pendiente del bolsillo, de la crisis internacional y del deterioro político del Gobierno.
El vídeo no deja lugar a dudas: Sánchez ya no comunica, se promociona. Se graba pedaleando, contemplando el paisaje y hasta acercándose a los caballos en una escena que pretendía sonar bucólica y terminó rozando el ridículo. Más que El hombre que susurraba a los caballos, la secuencia parecía otro capítulo del narcisismo audiovisual de La Moncloa.
Nada hay espontáneo en este formato. Todo está medido: el encuadre, el tono, el decorado y el mensaje. Sánchez utiliza su perfil como un instrumento electoral permanente, una ventana para construir personaje mientras evita dar explicaciones sobre lo importante.
España
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Enrique Martínez Olmos
El problema no es que descanse. El problema es la incoherencia. Mientras el Gobierno habla de incertidumbre, sacrificios y consecuencias económicas, el presidente presume de fin de semana de lujo emocional en los Pirineos.
No se puede pedir preocupación a los españoles y, a las pocas horas, aparecer feliz entre montañas, rutas y caballos. No encaja el discurso catastrofista con el postureo vacacional. No concuerda el presidente que se dice “muy enfadado” con el dirigente que se monta su película de escapada para TikTok.
La primavera judicial aprieta
La puesta en escena llega, además, en un momento especialmente delicado para Sánchez. El calendario judicial que afecta a su entorno aprieta cada vez más, con semanas cargadas de citas, declaraciones y procedimientos que amenazan con arruinar el relato de falsa normalidad que intenta vender La Moncloa.
Por mucho vídeo cuidado, por mucha sonrisa y por mucho plano bonito, la realidad sigue ahí. Y la realidad es que Sánchez parece más preocupado por grabarse que por gobernar.
El Valle de Arán ha sido solo el último decorado del presidente influencer. Antes fue otro escenario; mañana será cualquiera que sirva para alimentar el personaje. Esa es la verdadera foto del sanchismo: más obsesionado con el relato que con la realidad. Porque mientras los españoles hacen cuentas, Sánchez hace contenido.