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Mónica García aceptaría el barco con hantavirus para mantener su cargo en la OMS: "Antes su silla que su país"
La ministra de Sanidad es desde 2025 miembro del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, y no poner en riesgo ese puerto habría sido la prioridad al aceptar la llegada del crucero a Canarias

La ministra de Sanidad, Mónica García
Hay veces que sólo es necesario unir la línea de puntos para entender determinadas decisiones políticas, como el empeño de la ministra de Sanidad, Mónica García, en traer el crucero con hantavirus a España, cuestionada por la forma en la que el Gobierno ha gestionado la llegada del barco a Canarias y por su estrecha vinculación con la Organización Mundial de la Salud (OMS). El choque con el Gobierno de Canarias ha sido total. Fernando Clavijo ha denunciado falta de información, decisiones unilaterales y una tensión institucional sin precedentes recientes. El presidente canario no sólo rechazó la llegada del barco a Tenerife, sino que llegó a exigir explicaciones urgentes al Gobierno de Sánchez por una operación que, según Canarias, se ha decidido sin contar con ellos.
En ese contexto, todas las miradas se dirigen hacia Mónica García, una de las principales defensoras de aceptar el crucero con hantavirus siguiendo las recomendaciones de la OMS. Y ahí, en la OMS, es donde se encuentra el meollo de todo, porque la ministra de Sanidad fue nombrada en mayo de 2025 miembro del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, un puesto que supuso el regreso de España a este órgano tras casi veinte años de ausencia. Un nombramiento relevante que ahora con esta crisis sanitaria derivada en institucional con Canarias adquiere todo el significado.
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Enrique Martínez Olmos
Muchos ven en el empeño de Mónica García de traer el barco con hantavirus una maniobra para quedar bien con la OMS y así conservar su puesto en la Organización Mundial de la Salud. Las críticas a la ministra de Sanidad se centran en que habría priorizado alinearse con los criterios de la OMS antes que atender las reticencias expresadas desde Canarias. “Antes su silla que su país”, han llegado a denunciar quienes interpretan la decisión como un intento de reforzar la imagen de la ministra ante la OMS y no poner su cargo en la organización en peligro.
“En el Gobierno de Sánchez toda decisión que se toma es porque hay un beneficio personal detrás, que no vendan como solidaridad lo que es un pago de la ministra de Sanidad a la OMS”, insisten sobre la llegada del barco con hantavirus y la conexión de Mónica García con la Organización Mundial de la Salud. El malestar de Canarias ha amplificado esas sospechas, y las conversaciones filtradas entre Fernando Clavijo y la ministra reflejan improvisación, falta de coordinación y dudas sobre los protocolos seguidos. Más allá del riesgo real del hantavirus, la crisis ha abierto otro debate: hasta qué punto las decisiones del Gobierno de Sánchez responden exclusivamente a criterios técnicos o también a equilibrios e intereses políticos.