la mirilla
La banda del Peugeot de Sánchez

Santos Cerdán, junto a Pedro Sánchez y María Chivite, en el último congreso del PSOE de Navarra.
Hay imágenes que son la postal de una época. Una de ellas muestra a Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán en un Peugeot, atravesando España como si fueran unos nuevos Thelma y Louise del socialismo patrio buscando llenar de vida al PSOE. En realidad, era el inicio de una aventura con final previsible: la conquista del poder a cualquier precio. Aquel coche no era un simple utilitario, era una metáfora con ruedas del asalto interno al partido. Un viaje sin retrovisores.
Opinión
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Benjamín López
Lo que entonces fue “vendido” como épica regeneradora hoy huele a coche usado con el cuentakilómetros trucado. Ábalos fuera del partido, Koldo imputado, y Santos Cerdán, el último copiloto de Sánchez, atrapado por entregas de dinero y contratos turbios al que se le acumulan las sombras. ¿Y el conductor? En La Moncloa, mirando hacia otro lado, como si no supiera a quién llevaba en los asientos de al lado.
La banda del Peugeot no era una anécdota. Era el prólogo. No era un grupo de idealistas: era un pelotón de leales dispuestos a lo que hiciera falta. El problema de rodearse de incondicionales no es que te digan siempre que sí. Es que, cuando el coche se estrella contra una pared, todos fingen que el GPS les ha engañado.
Hoy el sanchismo empieza a parecerse peligrosamente a una gasolinera abandonada en cualquier carretera secundaria. El motor del relato no arranca, los acompañantes han salido corriendo y el Peugeot, aquel símbolo de resistencia, ha terminado en el desguace de la corrupción.
A. M. BEAUMONT