la mirilla
Sánchez, empeñado en “salvar” a los españoles

Pedro Sánchez, en la sesión de control en el Congreso de este miércoles.
Cada día una novedad. Y cada una más escandalosa que la anterior. El ridículo es supremo. De vergüenza ajena. Hasta “El Niño Polla” sale ya en las coplas socialistas. Corrupción, enchufes, sobres, mujeres “repartidas”, mensajes, teléfonos ardiendo, informes. El PSOE convertido en un lodazal.
Y el Gobierno, en una tragicomedia nacional.
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Los protagonistas se pelean por el trono del esperpento.
Ábalos, Koldo, Cerdán… Los mascas del choriceo y la cutrez. Y mientras tanto, Pedro Sánchez sigue ahí. En La Moncloa. Bunkerizado. Paralizado. Jugándose su suerte a un golpe de fortuna.
No gobierna. Sobrevive. Al día. A la filtración. Al próximo escándalo. Es un meme. Pero su obstrucción a abrir la vía democrática es de una gravedad absoluta. Sabe que si se vota, pierde. Y por eso bloquea, distrae, enreda.
Porque se ha convencido de que él es el salvador de España. Aunque España no lo quiera. Aunque su mayoría parlamentaria ya no exista. Aunque su autoridad política esté bajo cero. Se aferra al poder como un náufrago a una tabla podrida. Y cada capítulo de esta serie –porque ya no es ni política: es una serie de terror institucional– es más grotesco que el anterior.
Lo honorable sería dimitir. Convocar elecciones. Dejar que los españoles decidan. Pero eso exige dignidad. Y Sánchez ya no va sobrado de eso. Y mañana, otro capítulo. Continuará…
A. M. BEAUMONT