la mirilla
Feijóo promete cambio y Sánchez afronta su último curso

Feijóo, en la apertura del curso político, este domingo en Pontevedra.
Fin del verano. Empieza la tormenta. Moncloa vuelve con olor a chamusquina. No hay cuentas públicas. Ni mayorías claras. Ni leyes en marcha. La legislatura huele a humo político. Y no es de los incendios. Es el del poder agotado. El del Gobierno asfixiado por su propia propaganda.
Sánchez intenta controlar el tablero. Suspende el pleno del 11-S. Alega la Diada. Evita la foto del Parlamento vacío de apoyos. Prefiere titulares verdes con su pacto climático. Comisiones interministeriales. Firmas solemnes. Palabras que no apagan fuegos ni políticos ni reales.
Mientras, Feijóo acelera. Ordena a su gente convertir promesas en normas listas para estrenar gobierno. Quiere mostrar músculo legislativo. No ruido. No pancarta. Derogar leyes del sanchismo. Impulsar reformas económicas. Blindar defensa y seguridad. El PP quiere parecer alternativa antes de ser poder.
El PSOE, nervioso. Socios incómodos. Tribunales al acecho. Barones en silencio. Los casos judiciales golpean a ministros, asesores y hasta a la familia presidencial. El otoño trae hojas caídas… y sumarios abiertos.
Septiembre marca dos ritmos. Moncloa atrincherada. Génova avanzando. Un Gobierno que corre detrás de la agenda. Una oposición que quiere marcarla. Los españoles mirando el tablero. Preguntándose cuánto durará la partida.