¿Camino a la despoblación?

Una mujer con un carrito de bebé, a 15 de julio de 2025, en Madrid.
Hay un libro, titulado “El arte de la posibilidad”, que dedica un capítulo a lo que denomina “la regla número 6”, que dice: “No te tomes tan jodidamente en serio”, cuando mostramos un estado de furia, con la cara congestionada, gritando que hay que sustituir a los fascistas, mientras agitamos las manos. Pero, dejando a un lado estas actitudes más cercanas a la tosca teatralidad que a reacciones razonadas, vamos a tratar de descubrir la realidad.
Como nos cuenta el economista Nicholas Eberstadt, por primera vez desde la peste negra en el siglo XIV, la población del planeta va, probablemente, camino de disminuir. Pero mientras en una la causa era involuntaria, en ésta se debe enteramente a una elección del individuo. Vislumbramos un mundo con sociedades envejeciendo, donde hay más muertes que nacimientos.
La disminución de los niveles de nacimientos sigue siendo un asunto polémico. La creencia general es que la causa es el crecimiento económico y su progreso material. Pero lo cierto es que, actualmente, países con bajos niveles de renta y educación están también por debajo de la tasa de reemplazo. Como dice Eberstadt, el también economista Lant Pritchett descubrió la causa principal: el deseo de la mujer de tener hijos. Desde hace tiempo, el papel de la mujer en las sociedades modernas no se reduce a un mero rol secundario. La búsqueda del desarrollo personal y profesional es tan importante como puede ser el deseo maternal. La tasa de nacimientos cae, lógicamente, cuando el papel de la mujer se extiende más allá de la maternidad.

Primer bebé nacido en 2026 en España, en el Hospital de Barbastro.
La reducción de la población no es necesariamente un drama, sino un contexto difícil donde los países aún tienen que encontrar formas de afrontarlo. Los gobiernos deben preparar a sus sociedades, no para sustituirlas, sino para enfrentarse a los retos sociales y económicos de una población envejeciendo y disminuyendo. Vamos a conocer sociedades con menos trabajadores, emprendedores o innovadores, y con más gente dependiendo de cuidados y asistencia. Con menos trabajadores, ahorro e inversión, va a complicarse el mantenimiento del gasto de los estados. Porque el error estriba en creer que el crecimiento se basa en el aumento de la población, en lugar del crecimiento de la productividad.
Así que habrá que incentivar la responsabilidad y el ahorro, en particular en sociedades como la nuestra, menos resistentes a los cambios adversos, menos cohesionadas, con poca confianza en el futuro y con un liderazgo mejorable. Responsabilidad para no dejar en manos de los políticos nuestras necesidades futuras, y ahorro porque los sistemas de reparto, como el español, están destinados a fracasar cuando la pirámide poblacional se invierte.
La economía de la longevidad
Me he permitido utilizar un libro, escrito por el director del prestigioso “MIT AgeLab”, Joseph F. Coughlin, para titular esta sección y enunciar algunos de los problemas que detalla.
Muchas tendencias demográficas permanecían ocultas a la vista. Era el elefante en la habitación: envejecimiento global, mayor esperanza de vida, retraso de la edad adulta, tasas de nacimiento cayendo estrepitosamente, viviendas con un solo ocupante, independencia económica de la mujer, inmigración no productiva, etc.
El envejecimiento global va a dar paso, si no lo ha dado ya, a una economía de la longevidad con consumidores con un significativo poder de compra, pero con un comportamiento conservador, es decir, contrario a correr riesgos.

Una mujer realiza sus últimas compras antes de la cena de Nochevieja de 2025.
Tradicionalmente, la edad adulta estaba marcada por alcanzar los 18 ó los 21 años de edad. A esa edad hay una mayor propensión al riesgo. Hoy, en cambio, no nos consideramos adultos hasta los 30, posponiendo la llegada de las responsabilidades. Este retraso tiene consecuencias financieras relevantes, retrasando la carrera profesional, el crecimiento de la renta personal o la propiedad de una vivienda, con lo que afectamos a la acumulación de riqueza y a los patrones de consumo. Posponemos las inversiones productivas, reduciendo el endeudamiento, pero minorando la posibilidad de alcanzar un mayor nivel de consumo en el futuro.
Así, observamos como adultos con menores demandas financieras son un buen consumidor en industrias como la turística, el ocio o el cuidado personal, pero impactan en industrias como la construcción, las hipotecas bancarias o los seguros.
Se dice que las civilizaciones declinan cuando el exceso de capital (el ahorro) no se invierte en nuevas formas de hacer las cosas. En términos económicos, cuando la tasa de inversión decrece. Sin embargo, asistimos a una rápida adopción de las tecnologías de la automatización (las más recientes son la robótica y la inteligencia artificial) en países con mayores cambios demográficos. El mercado de trabajo responde con la automatización de tareas ante una población envejeciendo. Con lo que podríamos concluir que la innovación puede rescatarnos de un futuro incierto.
Al final, el mercado laboral absorberá a los trabajadores cuya experiencia pueda ayudar a las organizaciones a mirar adelante, sí, pero sin olvidar la historia, la ética o la experiencia aprendida. En particular, seremos valiosos en organizaciones que se enfrenten a una transformación, porque las nuevas iniciativas no olvidarán las lecciones pasadas.
Economía
El reto solar de los hogares: ¿puede España convertir 2026 en el año del autoconsumo residencial?
Francisco Pérez
El papel del Estado
Los teóricos del estado desarrollista creen que los países menos desarrollados son víctimas de haber llegado tarde al desarrollo, estando tan alejados que les resulta imposible subirse al tren. Sus economías en desarrollo están atrapadas en un círculo vicioso del que sólo pueden escapar con un esfuerzo masivo dirigido por el estado y una asistencia generosa de los países desarrollados. Básicamente, estos países tienen bajas tasas de ahorro, lo que conlleva bajas tasas de inversión (en capital físico, capital humano e innovación).
Dicho todo esto, ¿no existe un paralelismo entre el círculo vicioso de la pobreza en países en desarrollo y los nuevos patrones de los países que envejecen? ¿No conducirán las bajas tasas de ahorro en las nuevas generaciones a un lento, pero imparable, declive? Las políticas actuales, con crecientes niveles de deuda y de irresponsabilidad fiscal, desincentivan el emprendimiento, primando los intereses de colectivos dependientes del estado, con lo que se distorsionan los incentivos económicos. Con un progresivo ascenso del poder político de los votantes de mayor edad, experimentamos un cambio de prioridades que nubla la visión a largo plazo.
Volvemos al mismo lugar: responsabilidad y ahorro. Tendremos que pensar que los demás no tienen por qué sostenernos con la ya tan manoseada excusa de la redistribución, y que debemos sembrar hoy para recoger mañana. “Llegar a ser Dinamarca”, decía Francis Fukuyama, con una economía productiva, acompañada de un gobierno responsable y de instituciones capaces, vuelve a ser una meta para muchos.