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Begoña Gómez, al banquillo por cuatro delitos: Peinado cierra la instrucción y la manda a juicio con jurado popular

El magistrado considera que hay indicios contra la mujer de Pedro Sánchez de malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida y también procesa al empresario Juan Carlos Barrabés y a la asesora de Moncloa, Cristina Álvarez

Pedro Sánchez y Begoña Gómez bajan de un avión al llegar a China

Pedro Sánchez y Begoña Gómez bajan de un avión al llegar a China

Enrique Martínez Olmos

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El guion que durante meses Moncloa se intentó presentar como ruido mediático ha terminado tomando forma judicial. La mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, irá a juicio por cuatro delitos de peso: malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca. El juez Juan Carlos Peinado ha decidido cerrar la instrucción sin más dilaciones. Traducido: considera que hay materia suficiente para que un jurado popular tenga la última palabra. No hay más prórrogas, no hay más tiempo que ganar. El caso pasa de la fase de explicaciones difusas al terreno donde las versiones se confrontan bajo juramento.

Durante meses, desde el entorno de Pedro Sánchez se ha intentado rebajar el caso al rango de “polémica interesada”. Pero el salto al banquillo convierte esa narrativa en papel mojado. Porque ya no hablamos de titulares o de tertulias, sino de un procedimiento judicial con acusaciones concretas y un recorrido que puede tener consecuencias muy reales. El auto, además, no se queda en la figura de Begoña Gómez. El juez también mantiene el procedimiento contra su asesora, Cristina Álvarez, por los mismos delitos, y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por parte de ellos.

Eso sí, el juez Peinado ha decidido archivar el delito de intrusismo profesional a Begoña Gómez. Un matiz que, lejos de aliviar la situación, subraya lo esencial: lo que sigue adelante no es menor. El problema para Moncloa no es solo jurídico, sino político. Porque la imagen de la mujer de Pedro Sánchez sentada ante un jurado popular por corrupción dinamita cualquier intento de superioridad moral. Esa que se ha esgrimido con frecuencia desde el Gobierno queda ahora bajo una lupa incómoda. Y mientras tanto, el calendario sigue corriendo. Con cada paso judicial, el caso deja de ser un asunto periférico para convertirse en un factor central del desgaste político.

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