
Sánchez en China
Sánchez se da a la fuga en China mientras Peinado procesa a Begoña Gómez
El presidente se deja agasajar en Pekín junto a su esposa justo cuando la Justicia da un salto decisivo contra ella y España amanece pendiente del Supremo
Pedro Sánchez ha vuelto a hacer lo que mejor se le da cuando arrecia el temporal: ponerse lejos. Esta vez, muy lejos. A 9.000 kilómetros de Madrid, en China, con Begoña Gómez del brazo, entre visitas, sonrisas, coche oficial y solemnidad asiática. Y todo ello justo el mismo día en que el juez Juan Carlos Peinado ha acordado procesar a la esposa del presidente por cuatro presuntos delitos —tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida—, además de cerrar la instrucción y pedir ya escritos de acusación y defensa.
La imagen no puede ser más devastadora para La Moncloa. En España, el Supremo concentra la máxima expectación política y judicial. En Pekín, Sánchez posa como estadista internacional mientras a su lado viaja una mujer a la que la Justicia acaba de colocar a un paso del banquillo. El contraste no es incómodo. Es letal.
Fin de semana largo, barniz oficial
Sánchez llegó a Pekín el viernes, pero su agenda oficial no arrancaba hasta este lunes 13 de abril. Entre medias, él y Begoña Gómez visitaron el Palacio de Verano y un hutong pequinés antes de la cumbre con Xi Jinping, mientras la conferencia en la Universidad de Tsinghua y la visita a Xiaomi quedaban ya para el inicio formal de la agenda institucional.
Es decir: tres días fuera de España, con escapada incluida, en mitad de una tormenta judicial y política de primer orden. El problema para Sánchez no es solo haberse ido. El problema es haberse ido así, con ese calendario, con esa compañía y con esa escenografía. Porque más que un viaje de Estado, lo que transmite la secuencia es una huida con protocolo.
La noticia que le estalla en la cara
La novedad de hoy no es menor. No se trata de otro titular pasajero, ni de otro capítulo más del desgaste cotidiano. El juez Peinado ha dado un paso de enorme calado procesal al procesar a Begoña Gómez por cuatro presuntos delitos y dejar la causa lista para la siguiente fase judicial. La investigación, por tanto, no se alarga: avanza.
Y Sánchez, mientras tanto, en China.
Ese es el verdadero resumen político del día. No hay maquillaje posible. No hay discurso internacional que tape la foto. No hay retórica geopolítica capaz de borrar el hecho de que, mientras la situación judicial de su esposa se agrava, el presidente ha preferido aparecer entre honores en Pekín en vez de afrontar el golpe desde España.
Moncloa, indignada por el momento
En el Gobierno han reaccionado con “indignación” por la decisión del juez y, además, por hacerla coincidir con el viaje oficial a China del presidente y de su mujer. Félix Bolaños ha cargado también contra la instrucción de Peinado, y Sumar ha optado por la prudencia, aunque cuestionando el desarrollo de la investigación.
Pero la queja de Moncloa tiene un problema de fondo: puede protestar por el calendario, pero no puede borrar el contenido del auto. Puede denunciar la oportunidad política, pero no puede esconder la gravedad del momento. Porque lo relevante no es solo cuándo se conoce la resolución. Lo relevante es que la resolución existe, y que afecta de lleno a la esposa del presidente del Gobierno.
Sánchez, cómodo con China; incómodo con España
Y como si todo eso no bastara, el presidente ha escogido precisamente China para volver a envolverse en un discurso de gran ambición internacional. Una China a la que Sánchez trata con una deferencia llamativa, pese a ser una dictadura que no destaca precisamente por la separación de poderes, el pluralismo político o el respeto a las libertades fundamentales.
Nadie discute que España deba mantener relaciones con Pekín. Eso entra dentro de la lógica internacional más elemental. Lo que chirría es otra cosa: el entusiasmo político y simbólico con el que Sánchez se entrega a ese escenario mientras se muestra mucho más áspero con aliados occidentales y democracias consolidadas.
Esa es la anomalía. No viajar a China. Sino parecer más cómodo en China que dando explicaciones en España.