la mirilla
La cutrez del sanchismo regenerador

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El caso mascarillas ha quedado visto para sentencia. Y lo que deja tras de sí no es solamente un sumario judicial. Es una fotografía moral de una época. La de la política convertida en negocio mientras media España enterraba a sus muertos.
Había miedo. Hospitales colapsados. Sanitarios reutilizando mascarillas. Familias despidiéndose por videollamada. Y, al mismo tiempo, una pandilla de intermediarios descubriendo que la tragedia podía ser también una oportunidad de oro.
Ahí aparece el lado más sórdido del poder. Las comisiones. Las llamadas. Los contactos adecuados. Los despachos abiertos mientras el país permanecía encerrado. Las putas. Un reality cutre.
No hablamos solo de dinero. Hablamos de algo peor: de la pérdida absoluta del pudor. España asistió durante aquellos meses a ruedas de prensa lacrimógenas, discursos solemnes y apelaciones constantes a la unidad. Pero entre bambalinas algunos ya calculaban porcentajes. Otros buscaban contratos exprés. Y algunos más se dedicaban a colocar amigos en mitad del caos.
El caso Koldo o Àbalos no es únicamente un problema judicial para el PSOE. Es un símbolo político de enorme gravedad. Porque retrata un modo de gobernar donde la cercanía al poder parecía más rentable que cualquier mérito profesional.
Lo inquietante no es únicamente lo que se sabe. Es lo que los españoles sospechan que aún falta por saberse.
Porque cada declaración deja la sensación de que la pandemia fue también una gigantesca feria de favores. Un territorio sin controles. Sin vigilancia. Sin límites éticos.
Y mientras todo eso ocurría, Sánchez seguía construyendo el personaje del dirigente impecable. El presidente serio. El político que venía a regenerar la vida pública.
Hoy aquella superioridad moral hace aguas por todas partes. La corrupción no siempre entra por la puerta principal. A veces aparece con mascarilla, contrato urgente y sello oficial. Y eso quizá sea lo más obsceno de todo.
A.M. BEAUMONT