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Sánchez noqueado recibe dos nuevos golpes: otro registro de Pedraz y su hermano en el banquillo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la XXVII Conferencia de Presidentes.

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No hay día de tregua para Pedro Sánchez. Al sumario demoledor del juez Santiago Pedraz se suman, en las últimas horas, dos nuevos elementos que le hunden: el registro a la sede de la empresa rescatada Tubos Reunidos y la imagen de su hermano David declarando ante el juez en Badajoz.

Esta misma mañana, agentes de la UCO de la Guardia Civil han entrado en la sede de Tubos Reunidos en Bilbao por orden directa de Pedraz. La operación se enmarca en una pieza secreta del caso Leire, la investigación que destapa la presunta trama de favores, comisiones y amaños en torno a Leire Díez, el exsecretario de Organización Santos Cerdán y el expresidente de la SEPI Vicente Fernández. La empresa, que recibió más de 113 millones de euros en rescate público de la SEPI, está bajo sospecha de haber servido de canal para desviar hasta diez millones de euros hacia la red investigada. Los agentes también han requerido documentación a la propia SEPI. Otro registro, otro lazo que une dinero público con las cloacas del PSOE.

Al mismo tiempo, en la Audiencia Provincial de Badajoz, David Sánchez Pérez-Castejón, hermano del presidente, ha declarado este jueves ante el tribunal. Acusado de prevaricación y tráfico de influencias por la creación a medida de un puesto de alta dirección en la Diputación en 2017, el “hermanísimo” ha optado por responder únicamente a las preguntas de su abogado, Emilio Cortés, durante apenas diez minutos.

Su intervención ha estado dedicada a reparar el desaguisado de su declaración en fase de instrucción ante la jueza Beatriz Biedma, cuando fue incapaz de explicar dónde estaba la Oficina de Artes Escénicas de la que era jefe ni a qué se dedicaba exactamente. Ahora, con respuestas ensayadas, ha asegurado que “no era un edificio, ni un lugar físico con ventanilla, sino una categoría administrativa”. La imagen del hermano de Sánchez corrigiendo sobre la marcha sus propias contradicciones es ya un símbolo incómodo que nadie en Moncloa puede ignorar.

Ante este tsunami de corrupción que le señala directamente, Pedro Sánchez opta por la huida. Ni un solo acto en su agenda de este jueves. Desaparece. Se esfuma. Es la reacción clásica de quien se tapa los ojos creyendo que, si él no ve, el país tampoco lo ve. Como esos niños que piensan que tapándose la cara han logrado volverse invisibles mientras todos los observan con incredulidad.

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