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Sánchez impide la creación de nuevas viviendas

Obras en el nuevo barrio de Los Berrocales, a 4 de marzo de 2026, en Madrid

Obras en el nuevo barrio de Los Berrocales, a 4 de marzo de 2026, en MadridGabriel Luengas / Europa Press

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Era previsible. Sánchez esperaba el momento propicio para convocar las elecciones. Bien es cierto que para este inicuo presidente el mejor momento para oír al pueblo es nunca. Afirmar que "hay una mayoría social que está indignada porque el Parlamento pisotea los intereses de la gente de a pie por el interés de unos pocos", es signo y síntoma inequívoco de que estamos ante un peligroso autócrata; un semidios que elude con exhibido desprecio los más básicos principios democráticos.

Así, ya se puede esperar cualquier cosa: utilización torticera de la Diputación Permanente; impeler a los sindicatos hacia una huelga general ¿contra la oposición?; activar el Tribunal Constitucional para sacar la basura de la amnistía, los tataranietos… y lo que está por ver. Con el futuro incierto para Ceuta, la agitación de los perroflautas, el problema de la vivienda y lo queda por fabricar, el escenario es propicio para un experto en empeorar lo que ya estaba mal.

Según el principio de la Ventana de Overton, el pueblo es capaz de admitir soluciones o propuestas inaceptables si admite mensajes que, por circunstancias sobrevenidas, obliguen o modifiquen el concepto inicial, el que días atrás era absolutamente reprobable. Esta aportación del tal Overton ya se conocía y se practica en España: “comulgar con ruedas de molino” o el famoso grito al imponerse el absolutismo de Fernando VII (1823) ¡Vivan las caenas!

Ahora tenemos que fijar el foco en el problema de la vivienda. Se habla de zonas tensionadas, escasez de oferta, grandes tenedores, fondos buitre… y la perniciosa connivencia del Partido Popular y VOX con los poderosos. Pero no se incide en la ociosidad del Gobierno durante ocho años sin aportar ninguna solución muy a pesar de las continuas, grandilocuentes y falsas promesas de decenas de miles de viviendas aportadas por el Gran Hacedor, Pedro Sánchez.

Hoy, a estas horas, existen en España casi cuatrocientas mil (400. 0000) viviendas terminadas que no se pueden habitar. Estas casi 400.000 viviendas podrían ser una solución inmediata para un millón y medio de personas. Son viviendas nuevas, recién terminadas y a la espera del CIE (Certificado de Instalación Eléctrica), también conocido como “el boletín”. 

Es un documento oficial emitido por un instalador autorizado que certifica la compatibilidad con el REBT, (Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión). La pregunta es ¿por qué no se aprueba el boletín de Industria? Muy sencillo: no hay electricidad. Uno de los interminables males y desgracias que nos aporta la iniquidad de este gobierno de coalición «progresista» es el relativo a las políticas energéticas, medioambientales, el cambio climático y la Agenda 2030.

Existen urbanizaciones completas que no pueden ser habitadas por la debilidad de la red eléctrica para absorber consumos que, además, no se pueden generar al limitar la producción estable de energía eléctrica. El cierre de centrales nucleares, la demolición de centrales térmicas de ciclo combinado y la apertura de caudales ecológicos de ríos y pantanos han limitado la producción de energía eléctrica que siempre se ha considerado la más estable por aseguramiento de la inercia y la estabilidad de frecuencia. 

La apuesta por las renovables -por ahora- no es una solución alternativa a la generación tradicional. Además, lejos de las mentiras de la Agenda 2030, cada día se incrementan los picos y los consumos permanentes debido a las nuevas tecnologías; las que defienden a ultranza estos progresistas salvaplanetas.

El sueño de los adquirentes de nueva vivienda pasaba por una cocina amplia, 3 dormitorios, buena terraza… y una plaza de aparcamiento con trastero. Actualmente se ansía algo parecido, pero la demanda generalizada se centra en el «Wallbox». ¿Qué es un wallbox? Pues algo a lo que llamamos cajetín eléctrico (caja de pared). Este cacharro es una central de carga eléctrica para los nuevos automóviles. Y son auténticos devoradores de kilovatios.

Existen modelos de wallbox monofásicos, trifásicos, de corriente alterna (AC) y de corriente continua (DC). Los hay que proporcionan unos 11 KW y pueden cargar un vehículo de gama media en unas seis u ocho horas. En centros comerciales proporcionan hasta 120 KW. Los vehículos de alta gama, que necesitan una carga completa y rápida, pueden requerir ¡350 KW! Por hacer una comparación, una vivienda normal puede funcionar con unos 6 KW (5,75 KW) de potencia contratada.

En una vivienda moderna de generosas proporciones, con domótica y todas las facilidades: climatización eléctrica, inducción, horno, grill, microondas, las luces, los ordenadores, los televisores, cargadores de móviles y tabletas, los standby de varios aparatos, la pecera, la aspiradora, lavadora secadora, el secador de pelo, el refrigerador, el winecooler… todo; es decir, todo lo eléctrico a la vez, y a toda máquina, no superaría los quince kilovatios; justo los que está consumiendo toda la noche la wallbox que tenemos cargando en la plaza de aparcamiento.

Las políticas energéticas progresistas están impidiendo la creación de nuevas viviendas. La obsesión sanchista por el cambio climático y la Agenda 2030 es un clarísimo factor limitante para el desarrollo de urbanizaciones que, literalmente, se quedan sin luz. La IA (Inteligencia Artificial) y los grandes centros de datos exigen ingentes cantidades de energía eléctrica -hablamos de gigavatios- que ya no puede garantizar el limitado e ineficaz mix de generación.

Tampoco puede soportar la actual red eléctrica el incremento de demanda sin una actualización de los centros de transformación y distribución. Y esta circunstancia es fácilmente comprobable con el incremento de enganches okupas y las plantaciones de droga, que consumen energía hasta reventar los transformadores y dejar sin servicio a barrios enteros.

Sánchez es el inequívoco culpable de la carencia de viviendas. No hay nadie como él para «mantener la tensión». Aunque fracase en mantener la tensión que nos interesa a todos: la eléctrica.

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