| 21 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska

Profesionales del odio

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, es el responsable de la seguridad y también de combatir el odio y muchas veces ha callado o ha jaleado según le interesaba al Gobierno

| Fernando de Rosa Opinión

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La frase de Tennessee William: “Creo que el odio es un sentimiento que solo puede existir en ausencia de toda inteligencia”, define claramente el “modus vivendi” de muchas personas actualmente en España. Hay odiadores profesionales, por desconocimiento o ignorancia, por inducción, por educación, o simplemente porque así exteriorizan sus miedos personales más íntimos.

Las redes sociales están llenas de odio anónimo, las paredes de nuestras ciudades aparecen con pinturas de odio, y muchos programas en medios de comunicación fomentan el odio escondido en frases graciosas y aparentemente inocentes.

 El odio no es libertad de expresión, aunque la izquierda española quiera siempre defender sus palabras de odio como libertad y magnificar las de signo contrario, pero en la actualidad, es al Gobierno a quien le corresponde combatir los delitos de odio y en ningún caso, fomentarlos o justificarlos.

Recuerdo las manifestaciones callejeras fomentadas desde el Gobierno cuando se detuvo al odiador profesional Pablo Hasél que cantaba canciones con frases como “no me da pena tu tiro en la nuca pepero” o “que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono”. Estas frases fueron defendidas por líderes de Podemos como libertad de expresión.

También se han escuchado mensajes de odio en la televisión pública catalana, TV3, siempre dirigidas a los catalanes no nacionalistas, así en un programa de entretenimiento infantil dijeron que empleaban el español para así dar miedo a los niños, o en otro programa los periodistas dijeron que preferían la esvástica nazi, a la bandera española, humillando a los millones de muertos del Holocausto.

Los ciudadanos no podemos tolerar que el Gobierno mire hacia otro lado cuando sus socios utilicen el odio como eslogan electoral

Los ciudadanos no podemos tolerar que el Gobierno mire hacia otro lado cuando sus socios utilicen el odio como eslogan electoral y reaccione histriónicamente cuando considera que puede obtener rédito político.

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, es el responsable de la seguridad y también de combatir el odio y muchas veces ha callado o ha jaleado según le interesaba al Gobierno del que forma parte. Sin duda, la responsabilidad última es de Pedro Sánchez, pero Marlaska tiene una formación judicial que le debería impedir tragar con esta política de los odiadores.

Marlaska se olvida de las víctimas de ETA

Todos recordamos cómo apoyó el odio desplegado contra los políticos de Ciudadanos que fueron expulsados con insultos graves de la marcha del “Orgullo” en Madrid. Todos sabemos que ha metido en el congelador la ley que pretendía castigar penalmente los recibimientos públicos a los asesinos de ETA en los pueblos del País Vasco.

También tenemos grabado en nuestra retina cuando se aprovechó políticamente del envío de unas balas o una navaja en la campaña de Madrid para acusar a sus adversarios políticos sin esperar la investigación policial, también cuando ha tratado de sacar partido de una agresión homófoba teniendo conocimiento que no estaba claro el origen de la misma, sin importarle el daño que estaba causando al colectivo al que pertenece.

Igualmente Marlaska siempre mira hacia otro lado cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que están a sus órdenes, reciben lesiones o agresiones como ha ocurrido en la última Diada de Cataluña, en la que se lanzaron consignas de odio y violencia contra los mismos.

El odiador es responsable del odio, pero tiene mayor responsabilidad el que tiene la obligación de perseguir el delito y no evita que se extienda

El odiador es responsable del odio, pero tiene mayor responsabilidad el que tiene la obligación de perseguir el delito y no evita que se extienda, quien se hace fotos con condenados por delitos de terrorismo, como Otegi, o no dice ni una palabra cuando son golpeados militantes de los partidos de la oposición, al grito de “facha de mierda”, como ha pasado con miembros del PP en el País Vasco.

Marlaska no solo ha perdido cualquier atisbo de prestigio que le quedaba, sino que se ha convertido en cómplice de aquellos que quieren utilizar el odio para sacar lo más visceral de las personas.

En estos días recordamos el asesinato hace 32 años de una gran fiscal que combatió el odio terrorista desde la Audiencia Nacional: Carmen Tagle, el gran trabajo de la tan llorada fiscal debería clavarse en la conciencia de Marlaska, porque no todo vale, ministro.