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Ni mito ni diagnóstico oficial: lo que realmente sabe la ciencia sobre la 'adicción' a redes sociales

El uso intensivo de las redes aún no está considerado clínicamente una adicción, aunque tenga consecuencias cerebrales similares a otro tipo de conductas parecidas

Un joven usa una tablet (foto de archivo)

Un joven usa una tablet (foto de archivo)Ricardo Rubio / Europa Press

Antonio Bret
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Con la reciente propuesta del Gobierno de prohibir el uso de las redes sociales a menores, la discusión sobre si existe un riesgo de adicción está cada vez más presente. Numerosos trabajos recientes muestran que un uso excesivo puede afectar la salud mental y provocar ciertos cambios en el cerebro que son similares a los de otros trastornos adictivos. El debate, ahora mismo, se centra no ya en si existe un riesgo para la salud la sobreexposición a las redes sociales, sino en cómo se define, se mide y se etiqueta.

Lo que muestran los estudios recientes

2026, California. Un jurado falló a favor de una demandante que alegaba que la adicción a plataformas como Meta y Google le había causado un perjuicio notable y personal, incluyendo problemas laborales y familiares, otorgándole una indemnización de seis millones de dólares.

Este tipo de resoluciones ha puesto el foco en el poder adictivo de las redes sociales, pero expertos recuerdan que gran parte de la evidencia disponible es correlacional: muestra que el uso intensivo se asocia con ansiedad, depresión y alteraciones en las áreas de recompensa del cerebro, pero no demuestra de forma causal que las plataformas “causan” adicción.

El uso intensivo de redes sociales puede ir acompañado de cambios en la estructura y la actividad de regiones cerebrales relacionadas con la dopamina y la gratificación, parecidos a los que se producen cuando hay una adicción a ciertas sustancias. Se han descrito casos de personas que han llegado a perder el empleo, sus relaciones se han visto deterioradas o su rendimiento estudiantil ha decrecido enormemente tras caer en patrones de uso impulsivo. Esto refuerza la idea de que hay casos en los que el impacto es clínicamente relevante.

¿Se puede hablar entonces de 'trastorno adictivo'?

Una joven en la cama mira su móvil

Una joven en la cama mira su móvilGetty Images

En los sistemas médicos, especialmente en el ámbito anglosajón, una conducta solo se reconoce como trastorno adictivo cuando el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) establece criterios claros: debe existir daño funcional, componentes biológicos identificables y beneficios del diagnóstico que superen los riesgos de estigmatización.

El DSM‑5 trató la 'adicción a Internet' como un concepto de interés, pero no la incorporó plenamente; las revisiones posteriores y la hoja de ruta oficial para futuras ediciones no mencionan aún de forma específica la adicción a las redes sociales.

Etiquetar como ‘adicción’ casi cualquier uso intensivo de redes sociales puede suponer un riesgo, medicalizando conductas normales y saturando los sistemas de salud con diagnósticos poco acertados. Sin embargo, muchos coinciden en que, una vez se consolide la evidencia causal y se definan criterios precisos, como el número de horas de uso, patrones y consecuencias derivadas, no sería descartable que el DMS incluya una categoría para los trastornos relacionados con el uso problemático de internet.

No, usar de manera intensa aún no se considera clínicamente una 'adicción', pero se ha demostrado que el uso excesivo e inadecuado de las redes sociales tiene efectos reales: especialmente el uso pasivo y compulsivo se asocia a más ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio y peor rendimiento académico o laboral, sobre todo en jóvenes. Por el contrario, el uso activo y solidario puede proteger y ofrecer apoyo social.

Desde el punto de vista neurocientífico, los likes, las notificaciones y el miedo a perderse algo activan el sistema de recompensa, generando un círculo de dependencia similar al de otros trastornos adictivos, aunque aún no se reconozca como diagnóstico oficial. Es necesario que exista una mayor investigación y colaboración con las plataformas, así como una educación y regulación que promuevan un uso más consciente y limitado de las redes para reducir sus impactos negativos.

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