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COSTA ATLÁNTICA

De Boston a Martha’s Vineyard: la ruta costera más elegante de Nueva Inglaterra

Ciudades con historia, mansiones frente al Atlántico y una isla donde veranean presidentes y celebrities. A un paso de Boston, esta ruta por la costa este de EE.UU. es tan fácil de hacer como difícil de olvidar.

Tres paradas de un mismo viaje: historia, mansiones y verano eterno.

Tres paradas de un mismo viaje: historia, mansiones y verano eterno.Victoria Peñalver

Victoria Peñalver
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Nueva Inglaterra es una región histórica del noreste del país donde se asentaron los colonos ingleses en el siglo XVII, formada por varios estados, entre ellos Massachusetts y Rhode Island, que vertebran esta ruta.

Empezamos en Boston, un gran punto de entrada a esta parte de Estados Unidos. Desde aquí, la ruta hacia el sur es tan sencilla como agradecida: Providence está a apenas 80 kilómetros (una hora en coche), Newport a unos 50 minutos más, y el ferry hacia Martha's Vineyard se toma desde Woods Hole, a unas dos horas y media por carretera.

En pocos kilómetros pasas de ambiente universitario a mansiones de otra época y, finalmente, a una isla de la que cuesta marcharse. Porque sí, esta costa tiene ese punto elegante —y algo exclusivo— que durante décadas ha atraído a nombres como Barack Obama o Jackie Kennedy, habituales de estos veranos frente al Atlántico.

Providence: ambiente universitario con personalidad

La primera parada es Providence, capital del estado de Rhode Island, una ciudad que no siempre aparece en los itinerarios más habituales… y quizá por eso sorprende más. Fundada en 1636 por Roger Williams, defensor de la libertad religiosa, esta ciudad arrastra desde sus orígenes un carácter abierto y algo inconformista que se percibe en sus calles.

Capitolio de Rhode Island, icono clásico con su imponente cúpula blanca.

Capitolio de Rhode Island, icono clásico con su imponente cúpula blanca.Victoria Peñalver

La presencia de la Universidad de Brown marca el carácter de la ciudad: campus cuidado, edificios históricos y ese ambiente joven que dinamiza la ciudad sin saturarla. Pero Providence tiene más capas. En College Hill, calles como Benefit Street o miradores como Prospect Terrace Park permiten entenderla desde arriba, con el río atravesando el centro y la cúpula del Capitolio de Rhode Island asomando a lo lejos.

Hamburguesa con patatas en Track 15, sabor informal con sello local.

Hamburguesa con patatas en Track 15, sabor informal con sello local.Victoria Peñalver

En el Downtown, el edificio neoclásico del Capitolio preside el entorno, entre paseos y zonas verdes como Waterplace Park. Los barrios de herencia portuguesa e italiana recuerdan que aquí también se come —y se vive— muy bien. Entre mercados y espacios informales no faltan hamburguesas con patatas ni propuestas internacionales. Es una parada perfecta para arrancar el viaje.

Newport: mansiones, océano y pasado dorado

Seguimos en el estado de Rhode Island y, en apenas una hora, el escenario cambia por completo en Newport. Aquí el mar lo envuelve todo… y también la historia de las grandes fortunas estadounidenses.

Durante la Edad Dorada (Gilded Age), las familias más poderosas del país eligieron este enclave como su refugio de verano. El mejor ejemplo de este lujo de finales del siglo XIX es The Breakers, la espectacular residencia de la familia Vanderbilt, pero no es la única: a lo largo de Bellevue Avenue se suceden otras como Marble House, Rough Point, The Wave, Clarendon Court o Rosecliff, formando un conjunto que convierte la ciudad en un escaparate de aquella época.

Cliff Walk y mansiones de Newport, contraste único entre naturaleza y lujo.

Cliff Walk y mansiones de Newport, contraste único entre naturaleza y lujo.Victoria Peñalver

El Cliff Walk permite verlas desde otra perspectiva. Este sendero público de unos 5,6 kilómetros recorre la costa entre acantilados, con el Atlántico rompiendo a un lado y los jardines traseros de estas mansiones al otro. El contraste entre naturaleza y arquitectura es parte de su encanto.

Muy cerca, el Fort Adams State Park —antigua fortaleza militar— ofrece algunas de las mejores vistas de la bahía. También la residencia de verano del presidente Eisenhower y la Hammersmith Farm, donde creció Jackie Kennedy y se celebró la recepción de su boda con John F. Kennedy, añaden a Newport cierta aura legendaria. De fondo, recorriendo la ciudad con calma, los discretos trolleys aportan una nota casi cinematográfica, como si este destino siguiera moviéndose al ritmo pausado de otra época.

Puerto de Newport, esencia marinera entre veleros y terrazas.

Puerto de Newport, esencia marinera entre veleros y terrazas.Victoria Peñalver

El puerto deportivo, siempre animado, es otro de sus grandes atractivos. Aquí el plan es sencillo: sentarse frente al agua y dejar pasar el tiempo entre ostras, fish & chips o una buena crema de almejas —la clásica Clam Chowder—.

Martha’s Vineyard: el lugar al que siempre se vuelve

Martha's Vineyard no es un destino para hacer un check en una lista. Es de esos lugares a los que entiendes que la gente regrese año tras año.

Desde Newport, la carretera continúa hasta Woods Hole. Desde allí, el ferry tarda menos de una hora, pero marca un cambio claro: el continente queda atrás y la isla impone su tempo.

Si nuestra anterior parada hablaba de mansiones, aquí el encanto es distinto. Las casas de madera, muchas de ellas de dos alturas y con porches cuidados, dibujan una estética serena. Veranean familias enteras desde hace generaciones, junto a políticos, actores y grandes nombres de la vida pública estadounidense. No hay exceso, pero sí una elegancia discreta que se percibe en cada detalle.

Casas de madera en Martha’s Vineyard, esencia auténtica y atemporal.

Casas de madera en Martha’s Vineyard, esencia auténtica y atemporal.Victoria Peñalver

La isla se recorre casi como si fueran varios destinos en uno. Vineyard Haven, al norte, concentra la vida más local; Edgartown, al este, representa la versión más ordenada y sofisticada, con sus casas blancas impecables y lugares como el histórico Harbor View Hotel. En Oak Bluffs, el ambiente es más desenfadado, con terrazas animadas y lugares como Offshore Ale Company. Más al oeste, Aquinnah sorprende con sus acantilados de arcilla cayendo sobre el Atlántico, en un paisaje mucho más salvaje.

Entre unas zonas y otras, hay pequeños guiños culturales: aquí se rodó Tiburón, un detalle que añade un aire cinematográfico a sus playas. Respecto a gastronomía, en toda la isla, clásicos de Nueva Inglaterra como las almejas, el lobster roll —en pan brioche, frío o caliente— o la langosta fresca, omnipresente en cartas y mesas.

Playa del Faro frente al Hotel Harbor View en Martha’s Vineyard.

Playa del Faro frente al Hotel Harbor View en Martha’s Vineyard.Victoria Peñalver

Martha’s Vineyard invita a pasear sin rumbo, a alargar las comidas y a entender por qué hay quien no falla a su cita con la isla cada verano. Ese faro frente al mar que un día guiaba barcos acaba siendo una referencia a la que siempre apetece volver. Y aunque el verano concentra su momento más animado, hay quienes prefieren descubrirla en meses como junio o septiembre, cuando la isla mantiene toda su esencia con un punto más pausado.

Una ruta breve… que sabe a mucho

En apenas unos días, este recorrido desde Boston permite encadenar varias caras muy distintas de la costa este estadounidense: el ambiente universitario de Providence, el legado histórico de Newport y la calma elegante de Martha’s Vineyard.

Todo está a mano, los trayectos son sencillos y los escenarios se suceden con naturalidad. Pero lo mejor es la sensación de haber encontrado un lugar al que siempre apetece regresar.

Dónde dormir y comer en la ruta

📍 Providence
​• Track 15 - Un mercado gastronómico creativo inspirado en grandes referentes internacionales, como el Mercado de San Miguel de Madrid, donde conviven hamburguesas americanas con propuestas italianas, mexicanas, turcas o asiáticas.

​📍 Newport
• Brenton Hotel - Con vistas al puerto deportivo, combina elegancia marinera y una ubicación perfecta para disfrutar la ciudad.
Restaurante Flora en Gardiner House - El chef madrileño Miguel Somoza, con más de dos décadas de trayectoria internacional y experiencia como chef privado para grandes fortunas como Richard Branson, firma una cocina mediterránea con producto local en un entorno cuidado.
The Fastnet - Un pub irlandés clásico para una cerveza al caer la noche, reflejo de la histórica presencia irlandesa en Nueva Inglaterra.

📍 Martha’s Vineyard
Harbor View Hotel - Un clásico con historia, abierto desde 1891, y una de las mejores ubicaciones de la isla. Su terraza, frente al faro, es uno de esos sitios donde el tiempo pasa más despacio.
The Black Dog Tavern - Un clásico absoluto en la isla. Desayuno que no puedes perderte por su ambiente relajado y ese punto de tradición americana.
Offshore Ale Company - Informal, local y auténtico. Buena cerveza artesanal y platos clásicos. Patatas fritas excepcionales. Ideal para conocer la vida real de la isla.
Bettini Restaurant - Perfecto para una cena especial. Cocina cuidada, buen producto y un ambiente elegante sin rigidez.
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