Caos en Zarzuela por un delicado asunto de la Infanta Elena: el Rey calla
El departamento de Comunicación toma una decisión, mientras Casa Real guarda silencio, que afecta a la biografía de la hermana mayor de Don Felipe. Mutismo y misterio

La Infanta Elena en la plaza de toros de las Ventas, este pasado 15 de junio.
La Casa del Rey ha eliminado sin previo aviso la referencia al divorcio entre la Infanta Elena y Jaime de Marichalar en la biografía oficial publicada en su web. Un movimiento frío y quirúrgico que ha encendido preguntas dentro y fuera de palacio. No ha habido nota. Ni explicación. Solo ausencia.
La alerta la dio el portal Monarquía Confidencial, que detectó el cambio tras señalar que el árbol genealógico de la Familia Real todavía recogía —con naturalidad— el matrimonio y posterior ruptura legal de la infanta. Apenas unos días después de la publicación, la web oficial actualizaba el perfil de Doña Elena. La fecha de la boda sigue ahí. Pero la mención al divorcio en 2010 ha desaparecido. Como si no hubiera ocurrido.
Fuentes internas confirman que la decisión partió del departamento de Comunicación de Zarzuela, no de un error técnico ni de un ajuste rutinario. Y es ahí donde se enreda la polémica: no se trata de un descuido. Es una elección. Pero lo más desconcertante es que la Casa del Rey ha optado por no dar explicaciones, ni siquiera para contextualizar el cambio en el marco de la supuesta migración de la web oficial que se está llevando a cabo desde hace semanas.
Una migración, sí. Pero, ¿qué tiene que ver con borrar un hecho público, confirmado, cubierto por todos los medios y registrado judicialmente? ¿Es solo una depuración estética o un gesto con lectura política?
Porque Elena de Borbón no es una figura menor. Es la hija mayor del Rey Emérito Juan Carlos I, hermana del actual jefe del Estado. Su vida personal forma parte —nos guste o no— del relato moderno de la monarquía. Eliminar esa parte de la historia, sin contexto ni motivo, erosiona más de lo que se cree la narrativa institucional, sobre todo en un momento en el que la transparencia no es un adorno, sino una exigencia.
La cronología oficial, incompleta
El caso resuena aún más porque la web de la Casa del Rey jamás incluyó el divorcio de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin. Aquella omisión ya generó comentarios, pero con esta nueva edición, la arbitrariedad se vuelve evidente. ¿Por qué un divorcio sí y otro no? ¿Por qué primero se incluía y ahora se borra?
Desde dentro de Zarzuela, algunas fuentes admiten que el "caso Nóos" tensó profundamente los vínculos familiares, y con ello, también el protocolo comunicativo de palacio. Pero evitar los hechos no los borra. Solo los oscurece.
La supresión ha generado inquietud entre analistas y cronistas de la Casa Real. No tanto por el fondo —el dato es conocido y no se puede ocultar—, sino por lo que simboliza este tipo de decisiones editoriales. La línea entre el respeto a la privacidad y el deber de reflejar la historia se vuelve borrosa.
Y es en ese terreno ambiguo donde la monarquía se juega credibilidad. Porque si la institución renuncia a contar su historia completa, los vacíos los llenará el relato ajeno. Y ya sabemos que, en tiempos de redes y sospechas, los vacíos nunca se rellenan con silencio, sino con ruido.
Chismógrafo
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Candela Alba