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Veinte años sin Rocío Jurado: vida, amores y leyenda de ‘la más grande’, la diva que marcó la música española

Pocas artistas han marcado la música y la televisión española como Rocío Jurado. Entre la devoción del público, una vida personal seguida al detalle por la prensa y una carrera llena de giros, la chipionera se convirtió en un fenómeno irrepetible que trascendió lo musical para entrar en la historia cultural del país. Este es el recorrido por su vida, su mito y las sombras que también acompañaron su leyenda.

Rocío Jurado a finales de los 80.

Rocío Jurado a finales de los 80.Europa Press

David González
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El 1 de junio de 2006 Amador Mohedano comunicaba de madrugaba la muerte de su hermana Rocío Jurado. Acababa así una agonía que duraba casi dos meses. Del fallecimiento el 25 de marzo del mismo año de la otra gran Rocío de la música española, la Dúrcal, ya no se enteró. Mientras, el país asistía a su agonía, con partes médicos casi diarios, como si de un Jefe de Estado se tratase. Pocas figuras concitaron tanto el interés de todo un país. Una mezcla de cariño y morbo dominó los medios de comunicación que culmió en un entierro seguido al minuto por las televisiones.

La Jurado era un poco mezcla de folclórica clásica con ‘negraza’ de gospell. “Un clown travestido de España cañí” para Maruja Torres. Esto se escribió en 1972 en Fotogramas y en esa época nadie sabía muy bien qué hacer con ella. Tenía una voz prodigiosa pero no cumplía con los estereotipos de la folclórica al uso.

Luis Sanz, el productor con alma de mariliendres que conoció a todas las estrellas nacionales y fabricó algunas como la Dúrcal, quería convertirla a toda costa en starlet cinematográfica. Una operación que no saldó con éxito. El cine clásico folclórico estaba de capa caída y las moderneces ye-yé de la época parecían no cuadrarle muy bien. En la voz de Rocío el repertorio clásico de Juana Reina o Concha Piquer tenían un punto de reproche, de poner pie en pared.

Fue en los albores de la Transición cuando Rocío Jurado consiguió un repertorio nuevo acorde a su figura y al memento que se estaba viviendo. Fue cuando se cruzó en su vida el compositor Manuel Alejandro. Sus canciones se llenaron de señoras que enarbolaban la bandera del "ahí te quedas", porque hacía mucho que no sentían nada al ver desnudos a sus maridos. Ya no había otras como en los tiempos de la Piquer. Ahora la otra hablaba de tú a tú a la señora legítima.

No en vano, en un momento de su carreran a Rocío se la identificó con un fenómeno muy de la época, ‘el destape’. En los últimos años de la dictadura de Francisco Franco, Rocío impactó con sus vesturio. Cuando debutó en 1962 en el tablao Los Canasteros sorprendía y destacaba entre sus compañeras por el uso de trajes de Pertegaz o de Herrero y Ollero. Diez años después, sus portentosos escotes desafiaban a la censura, y su participación en un concurso televisivo provocaba que el diario falangista Arriba clasificara su actuación como de “exhibición de taberna portuaria”. Y eso que en mitad del escote le plantaron un clavel reventón tamaño King size.

En lo que se refiere a destape puro y duro, protagonizó La querida con y a las órdenes de Fernando Fernán Gómez. El que podía haber sido su mejor intento de triunfar como actriz se convirtió en un producto del pseudodestape descafeinando. Era como Ha nacido una estrella, pero en bragas. Los desnudos los realizó una doble de Rocío, pero la película no se libró de polémicas. Fue secuestrada por una frase que escandalizó. “En Andalucía, a los 14 años, ya somos mujeres. La que no ha estado con un tío es que es un marimacho y la que es tonta ya la han hecho una barriga”, decía en la película.

Dos años después del estreno, en un cara a cara televisivo con Lauren Postigo en Cantares, Rocío abogaba por el “destape mental”. En 1981 en una entrevista en Fotogramas daba más pistas sobre a lo que se refería, posicionándose a favor del divorcio y los homosexuales mientras se declaraba feminista.

Una vida de portada

Sin duda, Rocío Jurado tuvo desde el principio todos los números para convertirse en protagonista de las revistas del corazón. Empezó la casa por el tejado, casándose primero en Chipiona con el boxeador Pedro Carrasco, el 21 de mayo de 1976, en el templo de su adorada Virgen de Regla.

Con separación en julio de 1989, la cual supo de primera mano la locutora Encarna Sánchez por parte del boxeador, divorcio, nulidad y una hija en común, Rocío Carrasco (nacida un año después de la boda), la vida le puso en el camino a José Ortega Cano. Si lo de la tonadillera y el bosexador sonaba como mínimo exótico, la unión con el torero parecía lo natural.

Rocío Jurado, Rocío Carrasco y José Ortega Cano.

Rocío Jurado, Rocío Carrasco y José Ortega Cano.Europa Press

La cantante y el diestro, seis años menor que ella, se conocieron en la fiesta del 46 cumpleaños de Rocío. "No sé muy bien explicar lo que pasó, pero lo que sí sé es que acababa de conocerlo y no quería separarme de él, me apetecía seguir a su lado", confesó la cantante.

Este amor la llevó de nuevo a la vicaría el 17 de febrero de 1995. La pareja se dio el 'sí quiero' ante 1.500 invitados en la finca sevillana 'La Yerbabuena', propiedad de la tonadillera. En 1999, el matrimonio aumentó la familia con la adopción de dos niños colombianos, José Fernando y Gloria Camila. La chipionera era, además, abuela de Rocío y David, hijos de la polémica unión de su hija Rocío Carrasco con el exguardia civil Antonio David Flores.

Después de ser operada de un cáncer, la cantante ofreció una multitudinaria rueda de prensa en el jardín de su casa para hablar de su enfermedad, sin evitar preguntas. Lo cierto es que la salud de Rocío Jurado siempre fue muy delicada.

Rocío Jurado el día de la boda de su hija Rocío Carrasco con Antonio David.

Rocío Jurado el día de la boda de su hija Rocío Carrasco con Antonio David.Europa Press

Padeció de nódulos en la garganta, fuertes hemorragias que a punto estuvieron de costarle la vida, alergias, depresiones y diversas afecciones en las cuerdas vocales. En cualquier caso, la cantante nunca negó sus males y supo contrarrestar el efecto de los rumores con su trabajo y atendiendo, con amabilidad y una justa dosis de divismo, los requerimientos de la prensa rosa. Toda una diva de las que ya no quedan.

Rocío vs. Pantoja

En una vida como la de Rocío, no todo fue luz y gloria. En el combate por ser “la más grande” encontró a su némesis. Se trata, nada más y nada menos que de Isabel Pantoja. Sus trayectorias se desarrollaron en paralelo y las comparaciones, a menudo dañinas, no tardaron en llegar.

El choque de estilos y sus paralelismos como iniciadoras de grandes sagas familiares las ligaron, muy a su pesar. En una entrevista concedida en 1996 al programa de Telecinco ¡Qué me dices!, la sevillana no dudó en afirmar lo siguiente: “Yo no tengo amigas folclóricas”.

Rocío Jurado en la rueda de prensa en la que anunció que tiene cáncer en septiembre de 2004.

Rocío Jurado en la rueda de prensa en la que anunció que tiene cáncer en septiembre de 2004.Europa Press Reportajes / Europa Press / ContactoPhoto

Los motivos de esta presunta enemistad hay que buscarlos en el pasado. Debemos remontarnos a la célebre Expo de 1992. Allí, en el Auditorio de la Cartuja de Sevilla, Jurado ofreció un espectáculo musical memorable junto a Nati Mistral, María Vida, Imperio Argentina y Juanita Reina. Ni rastro de Isabel Pantoja. ¿El motivo? Un presunto veto por parte de la Chipionera que Isabel no perdonaría nunca. Sin embargo, ésta no es la única justificación de la rivalidad entre las artistas.

Otras voces señalan la intrusión de la locutora radiofónica Encarna Sánchez. El rifirrafe llegó como consecuencia de que Sánchez en un principio encumbrara a Rocío para después desterrarla a un segundo plano en favor de Isabel. Así lo entendió Rocío. Esta versión fue respaldada en 2009 por Rosa Benito, quien llegó a afirmar en el programa Sálvame que “Rocío tenía muy buena amistad con Isabel hasta que se mete la Sánchez”.

Tampoco habría hecho mucha gracia a Isabel el título del álbum que Rocío publicó en 2001: La más grande. La viuda de Paquirri no se mordió la lengua al respecto: “La mejor es la que vende más y aquí la que más vendo soy yo”, sentenciaba.

Una herencia polémica

Antes de morir la gaditana trató de repartir lo mejor que pudo su fortuna, valorada en siete millones de euros. Rocío Carrasco fue nombrada heredera universal de su patrimonio musical, pero no fue lo único que la Chipionera legó a Rociíto, pues esta pasó a poseer varios inmuebles que tenía su madre (apartamento en Miami, finca en Chipiona…), además de la cantidad proporcional de la venta de la vivienda de La Moraleja, que “la más grande” repartió a partes iguales entre sus tres hijos; José Fernando, Rocío y Gloria Camila. La mala relación entre los hermanos es de sobra conocida y ha sido aireada.

En cuanto a la finca de Los Naranjos, que dejó para Amador y Gloria Mohedano, al final también se dividió entre sus hijos para cumplir con la legítima. No obstante, tras años de lucha judicial, los tres vástagos de Rocío renunciaron a la finca, que quedó en poder de Amador y Gloria Mohedano. En cualquier caso, fuera del reparto se quedaban los nietos de Rocío, David y Rocío Flores. Lo cierto es que la brutal lucha por la herencia de “la más grande” ha sepultado los vínculos familiares del clan, que ahora parecen solo un recuerdo.

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