21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Uno de los goles cantados que erró el Chelsea ayer en Londres.
Uno de los goles cantados que erró el Chelsea ayer en Londres.

Caerse y levantarse

"El Madrid pierde y lo único que se escuchan son voces pidiendo fichajes, como si el fútbol fuera un videojuego y los billetes, del Monopoly y no de sus socios".

| Miguel Queipo Deportes

Uno de los anuncios deportivos más recordados de la historia se rodó en 1997. El protagonista era Michael Jordan, quizás el mayor devorador en la historia de la humanidad. “He fallado más de 9.000 lanzamientos en mi carrera. He perdido cerca de 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para el tiro ganador y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y por eso tengo éxito”.

El Real Madrid, ante el Chelsea, después de las señales inequívocas que ya dio en años anteriores ante Ajax y City, fracasó en Stamford Bridge. Una vez más. Porque el club blanco, alejado del discurso impuesto en este siglo y que contradice a su historia, es un club como todos los demás. Es decir, eminentemente perdedor.

De las 66 ediciones de la Champions disputadas ha ganado 13 y ha perdido 53. De las 89 Ligas jugadas hasta ahora sin contar la actual ganó 34 y perdió 55. El Madrid es lo que es por su capacidad para sobrevivir a los fracasos y volver a intentarlo. Pero fracasar, fracasa que da gusto. Otra cosa es que los demás no tengan esa habilidad para ganar de vez en cuando y sean aún más perdedores.


 



Lo que sucede es que el futuro del Madrid no pinta halagüeño para que el enésimo resurgir sea en un corto periodo de tiempo. Porque uno mira lo que hay y no puede evitar un escalofrío. Una crisis económica brutal provocada por la pandemia que restringe casi totalmente el movimiento en el mercado. Agudizada además porque los recursos disponibles están destinados a la construcción de un nuevo estadio.

La Superliga y su maná crediticio, enterrada bajo las pisadas de los aficionados europeos. Una plantilla avejentada, con casi la mitad de sus futbolistas (once de 24) superando la treintena (Ramos, Nacho, Marcelo, Kroos, Modric, Hazard y Benzema) o a unos meses de llegar a ella (Carvajal, Casemiro, Isco y Lucas Vázquez). Unos fichajes jóvenes que no terminan de tomar las riendas del equipo pese a que llevan ya, como poco, dos temporadas en esta plantilla. Unos cedidos que no han cumplido las expectativas en sus nuevos destinos y otro a préstamo al que hay que colocar con urgencia antes de que provoque más problemas.

Un entrenador que tiene mucha más cintura táctica de la que algunos le presuponen y que es bombardeado a diario por los terminales mediáticos de la presidencia para que se canse y se largue motu proprio, porque el club prefiere disponer para otros menesteres los veinte millones de euros que costaría su finiquito en caso de despido.

Así las cosas, el futuro no se presenta precisamente prometedor. Decía Winston Churchill que “el éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Así se ha venido moviendo el Real Madrid a lo largo de toda su historia. A cada batacazo, y sin solución de continuidad, aparecía el siguiente objetivo. “Hemos perdido pero ya verán el año que viene”. Sacudirse el polvo de las rodillas, beber un trago de la cantimplora y seguir el camino para ir a por otro desafío. Sin embargo, ahora eso ha pasado a un segundo plano.

El Madrid pierde y lo único que se escuchan son voces pidiendo fichajes, como si el fútbol fuera un videojuego y los billetes, del Monopoly y no de sus socios. Con el cuerpo (europeo, que aún hay Liga) del Real Madrid aún caliente sobre la mesa de la autopsia, lo que hay que preguntase es si el médico forense, el mismo que lleva sin tomarle el pulso al club desde la final de Cardiff (porque la de Kiev fue el último estertor de una plantilla legendaria), sabrá elegir el bisturí adecuado o si, por el contrario, tratará de enterrar lo sucedido bajo su enésimo recital de populismo dejando de nuevo inequívocas muestras de su incapacidad diagnóstica. Y eso, precisamente eso, también provoca escalofríos. El Real Madrid necesita a alguien que resucite a la entidad, no a un poneparches.