| 30 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
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Sánchez busca el punto débil de Feijóo y descarta adelantos electorales

Todavía no se ha descartado por completo la posibilidad de hacer coincidir generales, municipales y autonómicas, a fin de usar el poder territorial del PSOE.

| Esther Jaén España

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Vemos encuestas de diversas empresas demoscópicas que condenan, en su foto fija, las posibilidades de Pedro Sánchez de seguir al frente del Gobierno de España. Incluso cuando, durante el mandato de Pablo Casado había algunas que posibilidades de sumar votos y conformar un hipotético Gobierno alternativo al de Sánchez, compuesto por el PP y Vox, esa opción no era prácticamente tenida en cuenta como alternativa real que llegase a cuajar, por Sánchez y su entorno monclovita.

La mera posibilidad deque esa opción ser acercase, con el paso del tiempo, movilizaría a buena parte de la izquierda y acabaría por dar más fuerza al bloque de izquierdas…o eso calculaban los fontaneros de la Moncloa. Y todo ello, macerado en una buena campaña de movilización del votante de izquierdas abstencionista, apelando al voto “en defensa propia”, para “evitar la llegada de la ultraderecha”, acabaría por decantar muy probablemente la aritmética del lado de Pedro Sánchez.

Con la llegada de Albert Núñez Feijóo, las cosas han cambiado. Y los tiempos y ventanas abiertas para hipotéticos adelantos electorales, también se cierran. Sánchez y su núcleo de mayor confidencialidad trazaron un camino hasta el 2024 marcado por la recuperación económica, favorecida, en buena medida por el riego de unos fondos europeos de los que hasta 2023 no se empezaría a fiscalizar en profundidad su uso y gestión.

 

Tenían, además ventanas de oportunidad: cualquier traspiés severo del PP en las encuestas pudiera ser reconvertido en un adelanto electoral, forzado por circunstancias – pensaban los asesores monclovitas y el propio Sánchez, que es el que lleva la voz cantante en esa línea de trabajo electoral que tienen abierta- El detonante de la convocatoria pudo haber sido un enfrentamiento más con sus socios de Unidas Podemos, que -esa vez sí- llevase a la ruptura de la coalición, o la voluntad de agrupar los comicios en una sola jornada ( y elegir el último domingo de mayo para sumar municipales, autonómicas y generales ) Veían el adelanto electoral en los conciliábulos de Moncloa como la búsqueda de un alarde de movilización del PSOE frente a un PP cuyo candidato no movilizaba todo lo que hubiesen necesitado para alzarse con la presidencia del Gobierno.

Tanto es así, que había quienes, entre los fieles a Sánchez, contemplaban una nueva derivada: la posibilidad de que Vox diese el sorpasso a aquel PP de Pablo Casado. Si esa circunstancia hubiera sido así, la presión de la UE y de los aliados conservadores del PP en Europa lo hubiese frenando, situando a Sánchez, una vez más, como la alternativa frente a la ultraderecha.

 

Pero de repente, a Casado, o a Teodoro García Egea, o incluso a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se les fue la mano y llegó Alberto Núñez Feijóo. De un plumazo desapareció “el club Disney”, como llamaban algunos de los detractores del tándem Casado-Egea y volvió el candidato senior, Alberto Núñez Feijóo, el que ofrece pactos, pero los articula con una serie de propuestas que sabe que no van a poder aceptar sus rivales; el que anuncia su voluntad de alcanzar un acuerdo que permita renovar el CGPJ, pero ralentiza las negociaciones del mismo hasta que no se celebren las elecciones en Andalucía.

Sánchez es consciente de que las cosas han cambiado, que Feijóo está llevando la iniciativa a su favor y que el Gobierno lidera, para su desdicha, todo tipo de noticias que se asocian a caos y desgobierno, ya sea el caso Pegasus, o cualquiera de las broncas cotidianas por un globo sonda sobre futura legislación entre los dos partidos coaligados en el Ejecutivo, o incluso, entre la propia facción. Esa circunstancia le ha borrado la sonrisa a Sánchez y le ha sacado la vis más chusca.

 

La pasada semana bajó al barro a llamar “mangantes” a los populares y a recordarles el pasado, en lugar de dar cuentas y su entorno coincide en señalar a EsDiario que “esa no puede ser la tónica general”. Sánchez busca un cambio de estrategia, porque ventanas de oportunidad para poder adelantar las elecciones y evitar el fenómeno Feijóo siga creciendo no hay muchas.

Todavía no se ha descartado por completo la posibilidad de hacer coincidir generales, municipales y autonómicas, a fin de usar el poder territorial del PSOE a plena potencia, pero esa opción tiene poco predicamento, puesto que privaría a Sánchez de desarrollar en calidad de presidente de turno de la UE, lo que cree que será su gran baza: bien sea para recuperar la imagen perdida tras años de gobierno, o bien para buscarse un futuro como mandatario en alguna de las múltiples instituciones europeas, donde Pedro Sánchez goza de bastante predicamento y no le sería difícil aterrizar en alguna de ellas, siempre que contase con el plácet de quien estaría a punto de sustituirle en la Moncloa, Alberto Núñez Feijóo.

Con todo, Sánchez sabe que puede llegar hasta principios de 2024 como presidente y en ese periodo tratará de buscar alguna fórmula de alquimia electoral que parece a todas luces imposible. En eso está. Sánchez desorientado, en proceso de adaptación, para enfrentar a un gran rival, como es Alberto Núñez Feijóo.