Sánchez busca mejorar su imagen en Chile mientras su Gobierno se va desgastando en España
El presidente se reunirá en Sudamérica con líderes como Lula da Silva, Boric y Petro

Pedro Sánchez, en el palacio de La Moncloa.
Pedro Sánchez viaja a Chile para participar en una cumbre sobre la defensa de la democracia junto a líderes como Gabriel Boric, Lula da Silva y Gustavo Petro. Lo que en apariencia es una misión institucional parece que no es más que un nuevo intento del presidente español de proyectar una imagen internacional que contrasta con el desgaste y la desconfianza que acumula en su propio país.
Con su Gobierno salpicado por escándalos de corrupción y su entorno más cercano bajo sospecha, Sánchez opta por huir hacia delante. Viajar a América Latina rodeado de figuras cuestionadas en sus respectivos países parece un intento desesperado de legitimar su liderazgo exterior mientras el prestigio nacional se desmorona. La puesta en escena, calculada al milímetro, persigue titulares amables en lugar de soluciones reales en España.
Resulta llamativo Pedro Sánchez acuda a este encuentro por la democracia cuando ahora, en España, su situación está atravesando un momento más que delicado. El presidente del Gobierno estará con un ex guerrillero como Petro, un Lula que pasó por la cárcel por corrupción y un dirigente radical como Boric.
Esta es ya la séptima gira iberoamericana del presidente en cinco años. Mientras los problemas reales se acumulan en España —paro, inseguridad, crisis institucional—, él prefiere los foros internacionales donde se siente más cómodo, libre de oposición y preguntas incómodas. No hay soluciones concretas ni acuerdos relevantes en el horizonte, solo discursos huecos y gestos simbólicos.
El objetivo declarado de la cumbre es combatir los extremismos y la desinformación, pero Sánchez ha hecho de ambos una herramienta política habitual. Su mandato ha estado marcado por su acercamiento a los enemigos de España, el enfrentamiento y el desprecio a la separación de poderes.
Sánchez necesita lavar su imagen, mostrarse como estadista ante el deterioro institucional que ha provocado en España. Ahora que el país necesita que el presidente del Gobierno rinda cuentas y afronte la crisis del PSOE, parece buscar esos apoyos internacionales para que su imagen mejore fuera de nuestras fronteras.
De esta manera, Pedro Sánchez huye del desgaste interno proyectando un falso liderazgo internacional. El gran problema para el presidente del Gobierno es que su imagen sigue estando cada vez más debilitada en nuestro país y sigue existiendo la pregunta sobre si acabará este año en La Moncloa.