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Pedro Sánchez es una amenaza para la democracia española

Todo régimen político se define por la estructura que adopta el poder político para ejercer su autoridad, coordinando para ello al conjunto de instituciones que conforman el Estado, constituyendo en la práctica la plasmación de un proyecto ideológico

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez  Eduardo Parra / Europa Press 30/9/2025 E

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Eduardo Parra / Europa Press 30/9/2025 EEuropa Press

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Cuando en abril de 2004 José Luis Rodríguez Zapatero alcanzó la Presidencia del Gobierno tenía en mente subvertir la democracia y propiciar un cambio de régimen político que suponía la sustitución de la monarquía parlamentaria, nacida a partir de la promulgación de la Constitución de 1978, por una república plurinacional de carácter bolivariano. Para lograr su propósito Zapatero se planteó dos vías de actuación: la primera fracturar a la sociedad española y la segunda reactivar un nuevo Frente Popular para volver a unir a socialcomunistas e independentistas. Para acabar con la paz social Zapatero promovió la promulgación de la infausta Ley de Memoria Histórica, la cual, además de reescribir la Historia de la II República de forma manifiestamente falsaria, maniquea y sectaria, supuso reabrir las viejas heridas de la Guerra Civil, provocando así el enfrentamiento entre españoles en el seno de una sociedad que mayoritariamente había optado por la convivencia y el diálogo. A su vez, para reconfigurar un nuevo Frente Popular Zapatero optó por reabrir la relación entre el Gobierno y el entramado abertzale, a pesar de que la banda terrorista ETA estaba derrotada debido a la actuación policial. Tal fue el empeño puesto por Zapatero en blanquear a ETA y pasar página olvidando de manera despreciable a las víctimas del terrorismo, que las conversaciones ni tan siquiera se interrumpieron tras el atentado de la T4 del aeropuerto de Barajas en diciembre de 2006. De esta forma, Zapatero consiguió finalmente llevar a buen puerto su funesta empresa, ya que en 2011 se produjo la legalización de ETA a través de una federación de partidos políticos vascos de carácter filoterrorista, independentista y de extrema izquierda que adoptó el nombre de Euskal Herria Bildu.

Asimismo, Zapatero se propuso revitalizar al movimiento independentista catalán, un tanto decaído por falta de apoyo popular, de tal forma que inició un acercamiento con los partidos nacionalistas catalanes, asegurando públicamente que apoyaría incondicionalmente la reforma estatutaria que aprobara el Parlamento catalán. Ante esta tesitura los partido nacionalistas vieron una ocasión de oro para relanzar su agenda independentista de tal forma que redactaron un Estatuto de máximos que finalmente fue aprobado por el Parlamento catalán. Ante su falta de encaje constitucional fue necesario modificar ciertos aspectos del mismo, como la definición jurídica de Cataluña como nación, pudiendo así aprobarse en el Congreso una versión rebajada del Estatuto.

Teniendo en cuenta estos dos acontecimientos pude decirse que el PSOE dejó de tener una visión unitaria de la nación española, los nacionalistas vascos y catalanes tomaron renovados bríos y la política nacional se tensionó hasta límites insospechados, sentándose con todo ello las bases para la vuelta del frente Popular al escenario político español. Sin embargo, Zapatero no pudo concluir su faena, ya que en 2011, debido a su pésima gestión de la crisis de 2008, se vio obligado a adelantar las elecciones, anunciando a su vez que no se presentaría a la reelección. De esta forma, harto miserable, finalizó el periplo presidencial de un sujeto que, lejos de parecerse a Bambi, demostró ser la viva imagen de Chucky el “muñeco diabólico”.

Desafortunadamente la pesadilla nacional volvió a la escena política española en 2018, año en el que Pedro Sánchez alcanzó la Presidencia del Gobierno gracias a la presentación de una moción de censura contra Mariano Rajoy, en la que el PSOE contó con el apoyo de comunistas e independentistas de toda laya y condición. A lo largo de su mandato presidencial P. Sánchez ha dado muestras más que probadas de ser un individuo amoral, narcisista y con serias carencias intelectuales, de tal forma que fue presa fácil para un Zapatero que progresivamente consiguió acercarse a su círculo político más cercano hasta convertirse en su asesor áulico. En consecuencia y después de dos sonoros fracasos electorales, P. Sánchez se dio cuenta de que no solo no podía gobernar en solitario, sino que tampoco era capaz de hacerlo con el apoyo exclusivo de los comunistas, razón por la cual decidió retomar el proyecto que su mentor había iniciado, uniendo su destino político al definitivo resurgimiento del Frente Popular.

Durante sus primeros años al frente del Gobierno P. Sánchez se dedicó a allanar el camino para el advenimiento del ansiado cambio de régimen político, para lo cual se dedicó con ahínco a confinar a la derecha tras un muro inquisitorial, a ceder sumisamente ante las exigencias de las formaciones independentistas aún a riesgo de desmembrar España, a colonizar las instituciones del Estado para ponerlas a su servicio, a socavar la separación de poderes mediante un ataque sistemático a la independencia del Poder Judicial, a controlar a los medios de comunicación públicos y privados mediante subvenciones directas y publicidad institucional, a financiar a cientos de ONGs y promover la inmigración para así crear caladeros de voto cautivo y, por último, a desplazar la Ventana de Overton hasta normalizar en el seno de la sociedad ideas tan irracionales como la inexistencia del sexo biológico.

Sin embargo, en el momento actual los objetivos de P. Sánchez se han visto parcialmente modificados debido a que se encuentra cercado tanto por la corrupción de su entorno familiar y político, como por el desgobierno derivado de su falta de apoyo parlamentario. En consecuencia nos encontramos con que de un tiempo a esta parte la agenda política de P. Sánchez está exclusivamente centrada en evitar que su esposa y su hermano ingresen en prisión y en lograr a toda costa mantenerse al frente del Ejecutivo. Así, para llevar a buen puerto sus espurios propósitos P. Sánchez no ha cejado de desacreditar a los jueces que han sentado en el banquillo de los acusado a sus familiares, acusándolos de lawfare, lo cual ha llevado a la propia presidenta del CGPJ, Isabel Perelló, a poner pie en pared en el curso de la apertura del año judicial, manifestando en relación a dichas críticas que “Estas descalificaciones son impropias de un Estado de Derecho avanzado, en el que rige no solo la separación de poderes, sino también el respeto mutuo”.

A su vez, P. Sánchez se halla inmerso en una búsqueda obsesiva de lo que el filósofo de origen libanés Nassim Taleb denominó cisne negro, es decir, de un evento poco común pero con un impacto en la sociedad de tal magnitud que tendría la virtualidad de revertir la adversa intención de voto de los españoles. Así, con el objetivo de obtener rédito electoral, en los últimos días hemos podido observar cómo P. Sánchez ha emprendido una auténtica cruzada contra el pueblo judío, acusándolo de genocida, obviando añadir que la guerra que actualmente enfrenta a judíos y palestinos se originó tras el brutal atentado perpetrado por la organización terrorista Hamás, en el cual alrededor de 1.200 personas fueron cruelmente asesinadas y otras 251 personas más fueron secuestradas. También olvida decir nuestro sectario presidente que Hamás utiliza para su protección a mujeres y niños palestinos como escudos humanos y que cerca del 80% de la ayuda humanitaria que llega a Gaza es retenida por los terroristas. En cualquier caso, el psicópata monclovita sabe perfectamente que la influencia de su frenética actividad en la resolución del conflicto que enfrenta a Palestina e Israel es nula, por lo que cabe pensar que su actuación, lejos de ser honesta, tan solo pretende convertir la causa palestina en su particular cisne negro, demostrando así su proverbial hipocresía y su patológica ambición de poder.

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