El fiscal general condenado, Sánchez muerto

La silueta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Ya no es sospecha. Ya no es informe. Ya no es interpretación interesada. El fiscal general del Estado ha sido condenado. El hombre que debía garantizar la imparcialidad de la justicia española ha sido declarado culpable por violar la ley para servir al poder. Nunca antes España había visto algo semejante: el jefe de la Fiscalía, condenado por perseguir políticamente a un adversario como Isabel Díaz Ayuso para favorecer al presidente del Gobierno.
Es la mayor derrota institucional del sanchismo. La más grave. La más simbólica. La que no se tapa con propaganda. Porque García Ortiz no actuaba solo: actuaba dentro del ecosistema que Sánchez ha construido desde que llegó a La Moncloa. Un sistema donde la ley se dobla, la Fiscalía se arrodilla y las instituciones se utilizan como armas contra quien molesta.
Hoy ese sistema ha quedado desnudo. Sánchez dijo hace una semana que el fiscal general era “inocente”. Hoy, la sentencia lo desmiente. ¿Quién miente entonces? ¿Quién debe pedir perdón? La condena tiene consecuencias devastadoras:
Primero, para el presidente: su escudo institucional está roto. Ya no puede fingir neutralidad. Tiene a “su” fiscal condenado, a su esposa investigada, a su hermano imputado, a su partido dentro de un sumidero de sobres, putas, chistorras, comisiones ilegales y fontaneras del fango.
Luego, para la Fiscalía: queda en ruinas. Un fiscal general condenado por vulnerar derechos fundamentales es una herida que tardará años en cicatrizar.
Y, también, para la democracia: que un Gobierno ponga al frente de la Fiscalía a alguien dispuesto a delinquir para dañar a un rival político es una grieta en el Estado de Derecho.
Sánchez callará. Ferraz dirá que “respeta pero no comparte”. La izquierda se quejará diciendo que los jueces cometen un “asesinato civil”. Los medios afines al sanchismo hablarán de “una sentencia política”. Pero la realidad es otra. El sanchismo ha cruzado la línea que separa un Gobierno deteriorado de un poder tóxico. Hoy ya no hablamos de errores. Hablamos de un régimen ilegal.
La condena del fiscal no es el final. Es el principio del ajuste moral que España necesita. Y a partir de hoy, cada minuto que Sánchez siga en La Moncloa será políticamente insoportable. A.M. BEAUMONT
España
Así defendía Pedro Sánchez al condenado fiscal general: del "es inocente" al "debéis pedirle perdón"
Enrique Martínez Olmos