| 24 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Los trampantojos se le empiezan a terminar a Sánchez ante la revuelta ciudadana.
Los trampantojos se le empiezan a terminar a Sánchez ante la revuelta ciudadana.

El "trampantojo" de Franco ya no engaña: a Sánchez le sale el tiro por la culata

El presidente ha salvado sus presupuestos gracias a Esquerra. Otra cosa es que los de Aragonés y Rufián se presten a auxiliarle en su plan para arrinconar de nuevo a PP y Vox.

| Antonio Martín Beaumont España

La Memoria Democrática es un escaparate de “ley ideológica”. Es de esas normas que utiliza Pedro Sánchez para marcar su pureza política izquierdista. El presidente trata con ella de enaltecer a sus más “cafeteros” y, por descontado, arrinconar al PP junto a Vox. En su origen, incluso, fue pensada para frenar la carrera al centro de Pablo Casado. Al fin y al cabo, una de las espoletas más usadas estos años sanchistas en La Moncloa ha sido la polarización.

 


Los guionistas de Sánchez andan convencidos de que, cuanto más frentismo imprimen al mandato, más pegamento generan para atar a sus costaleros de legislatura. Canela en rama “progresista” para atemperar al totum revolutum de izquierda radical, soberanistas e independentistas que conforma la  mayoría Frankenstein. El invento, qué duda cabe, ha funcionado.... hasta ahora.

Porque las cuentas ya no salen, con unos socios como ERC “echados al monte” exigiendo liquidar la Transición y todo lo que representa. Lo que para Sánchez, al menos de momento, supone un coste político inasumible. Hasta el punto de que el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, no ha tenido más remedio que tender la mano a los populares en busca de tejer “otro” acuerdo.

 

Los trabajadores del metal en Cádiz, la vanguardia de la rebelión ciudadana contra el Gobierno.

 

“Les pido que seamos capaces de pasar página de aquella etapa negra de nuestra historia”, apeló Bolaños en su reciente paso por el Senado. Como si llamar a la tumba de Francisco Franco cuarenta y seis años después de su muerte no fuera usar el pasado para condicionar políticamente el presente.

Los guionistas de Sánchez andan convencidos de que, cuanto más frentismo imprimen al mandato, más pegamento generan para atar a sus costaleros de legislatura.

Pues bien, por ahora, manosear el revisionismo histórico no ha servido de mucho a La Moncloa. En realidad sólo ha conseguido tensar la propia coalición gubernamental y, además, enfadar a ERC, que ha visto en la ley de Amnistía un intento de colarles un gol. Como suele decirse, a Sánchez le ha salido el tiro por la culata.

 

Todavía quedan semanas por delante para la tramitación de la Ley de Memoria Democrática en el Congreso. Lógicamente, los diputados de Gabriel Rufián aún pueden volver sobre sus pasos. Lo han hecho otras veces. Pero estos últimos días el Gobierno ve compungido cómo tiene muy cuesta arriba el acuerdo.

Las cuentas no le salen por ningún lado. No hay forma de amarrar los votos suficientes para que prospere la norma. “Tenemos un desastre a la vista”, se escucha a socialistas por la Carrera de San Jerónimo. Se verá: la historia acabará con Sánchez culpando de su fracaso a Casado por no hacerle el juego con sus obsesiones guerracivilistas. Tiempo al tiempo.