| 18 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Yolanda Díaz en su visita de esta semana a Barcelona.
Yolanda Díaz en su visita de esta semana a Barcelona.

Yolanda Díaz se planta: Monedero tampoco logra convencerla para ser candidata

Ni Belarra, ni Montero, ni Garzón. En Unidas Podemos todos son conscientes de que solo con ella pueden recuperar músculo electoral. "Es una decisión que voy a tomar exclusivamente yo", dice.

| L. Moro España

Yolanda Díaz va dejando señales, y cada vez más, de sus reparos a encabezar la candidatura de Unidas Podemos a las próximas elecciones generales. Cuando no directamente su rechazo. 

"Es una decisión que voy a tomar exclusivamente yo y no estoy en éstas", señaló tajante este viernes en TVE cuando le preguntaron por la tarea para la que fue ungida por el mismísimo Pablo Iglesias cuando éste se retiró de la política tras sufrir una humillante derrota en las urnas madrileñas. 

"Si estuviera pensando en una candidatura, ya me conocen, lo diría. No estoy ahí y, sin embargo, voy a trabajar para que mi país despliegue un proyecto nuevo", añadió, circunscribiendo su trabajo al ámbito del Gobierno, como vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social.

Lo cierto es que pasan los meses, ya más de cuatro desde la marcha de Iglesias, y la elegida sigue sin tener nada claro que quiera encabezar una coalición en constante retroceso electoral. Que para más inri en su tierra, Galicia, es fuerza extraparlamentaria. 

Las constantes maniobras evasivas de Díaz, que en lugar de zanjar el debate no hace más que alimentar las especulaciones, preocupan mucho en Unidas Podemos. Los morados y sus socios de Izquierda Unida y los Comunes saben que el cartel electoral ha de pasar irremediable por ella si no quieren terminar de hundirse. Ni por Ione Belarra, ni por Irene Montero, ni tampoco por Alberto Garzón

Este verano Juan Carlos Monedero viajó a Baiona para reunirse con la elegida de Iglesias y convencerla. Pero ni por ésas Díaz está dispuesta a tomar una decisión. No ahora. 

A sus dudas sobre el proyecto y el equipo (con Belarra tiene sus más y sus menos, con Garzón ni se lleva) se une la alargada sombra de Iglesias. El exlíder de Podemos estuvo callado mientras Belarra hacía oficialmente con los mandos del partido y durante el aterrizaje de ésta, pero ahora ha vuelto. Y tiene varios púlpitos mediáticos desde los que hacerse oír y sentir. 

 

Aunque a Díaz lo que más le preocupa en el corto plazo es su cuota de poder ante Pedro Sánchez, o contra él. En agosto tuvo que sacar el genio para ser incluida en el sanedrín de ministros que coordinaron junto al presidente la evacuación de Afganistán (en principio fue excluida).

Y esta semana ha viajado rauda a Barcelona para anotarse el tanto de la decisión de Sánchez de paralizar la ampliación del aeropuerto del Prat. A la que Ada Colau y los suyos se oponían. Según la ministra de Trabajo, ella influyó en el presidente para que reculara. 

En cuanto a posibles cambios en el ala morada del Gobierno, la que quedó intacta en la remodelación de julio, Díaz fue tajante en TVE: no lo contempla. La vicepresidenta segunda es presa de los equilibrios de poder que tuvo que hacer Iglesias dentro de la coalición Unidas Podemos cuando entraron en el Gobierno.