| 25 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Foto: Dani Gago
El exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Foto: Dani Gago

La extraña desaparición de Pablo Iglesias altera Podemos un mes después

Cuando se cumple un mes de la dimisión de Pablo Iglesias, el antes omnipresente líder morado ha desaparecido por completo; solo su corte de coleta rompió su descanso en Galapagar.

| Yolanda Lorenzo España

 

"Dejo todos mis cargos. Dejo la política entendida como política de partidos, política institucional. No voy a ser un tapón para la renovación de liderazgo". Así despareció hace exactamente un mes Pablo Iglesias tras el desastre de Podemos en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Desde entonces, el que fuera líder morado se ha sumido en el silencio más absoluto.

Ni Twitter, ni ninguna otra red social. Nada. El mutismo más absoluto. Solo una instantánea, la de su cambio de imagen. Una estampa que recorrió los medios tras cortarse la coleta. Todo un símbolo del abandono de la política de la que hasta entonces Iglesias era uno de sus actores principales.

 De hecho, solo cambió su descripción en su perfil de Twitter para borrar su cargo de vicepresidente y añadir una frase en inglés de la serie The Wire que viene a decir algo así como "si vienes a por el rey, será mejor que no falles".

Además, su último mensaje en las redes sociales data de aquel 4 de mayo, cuando hacía una llamada a las urnas con el tono beligerante con el que encaró toda la campaña electoral. "La gente ha entendido la importancia de estas elecciones y que nos jugamos pararle los pies a la mentira y al odio de la extrema derecha. Hoy va a haber una enorme lección democrática", dijo entonces.

 

 

Y la democracia dictó sentencia. Isabel Díaz Ayuso arrasó en las urnas, consolidándose en la Puerta del Sol, e Iglesias, que terminó relegado como tercera fuerza política de la izquierda, consideró que este era el punto y final de su carrera política al quedarse sin el respaldo de las urnas y al convertirse, según él, en "un chivo expiatorio".

Desde entonces, Podemos vive en la más absoluta interinidad. El partido se ha embarcado en un proceso de primarias que culminará el proximo 13 de junio en Alcorcón y salvo sorpresa mayúscula parece que la favorita de Iglesias, la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, se alzará como 'jefa' de los morados, sin demasiada contestación.

"Menos Twitter y menos ruido"

Por su parte, en el seno del Gobierno de coalición, tal y como dejó encomendado el exvicepresidente, la que lleva el mando de Podemos es Yolanda Díaz, que ha marcado un nuevo perfil, pero no un cambio ideológico.

 

En una reunión con los representantes morados en el Ejecutivo ya avisó de que se acababan las trifulcas internas; que las cosas del Consejo de Ministros se acababan allí; y que "menos Twitter, menos ruido y menos grandes titulares".

Y desde entonces el tono se ha relajado. Ya no hay ataques directos a Margarita Robles por parte de Ione Belarra y solo la propia Yolanda Díaz se atreve a contradecir a los socialistas en público, como en el caso de la reforma laboral, una cuestión que la tiene directamente enfrentada a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño.

De hecho, no hay una voz más alta que otra, y las únicas discrepancias se encaran desde el punto de vista del partido, no en el seno del Gobierno. Pero eso no implica que las ideas hayan cambiado.

El futuro de Iglesias, en el aire

La hoja de ruta del Gobierno sigue siendo la misma, al igual que las aspiraciones de Podemos. La reforma laboral, la regulación de los precios del alquiler o las leyes de Montero siguen encalladas por las discrepancias, pero ya no se airean.

Mientras, Iglesias está desaparecido. Muchos han sido los rumores acerca de su futuro, pero de momento no se ha concretado nada. Durante días se habló de un papel activo en los medios de comunicación de la mano de Jaume Roures, o incluso de la posibilidad de que acabara en el Consejo de Estado.

Pero de momento, no hay más que el silencio con el que debe vivir en su chalet de Galapagar, alejado de los focos que le sirvieron para llegar a lo más alto pero de los que ahora se quiere alejar tras acabar como uno más de los políticos a los que siempre criticó.