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Pavor en Moncloa: plan en España, Corte Penal Internacional y New York contra Rodríguez Zapatero

La organización Hazte Oír emprende una acción triple contra el ex presidente del Gobierno, una estrategia legal para conducirle directamente a la cárcel

José Luis Rodríguez Zapatero, en Madrid el pasado noviembre.

José Luis Rodríguez Zapatero, en Madrid el pasado noviembre.GTRES

David Lozano
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Hazte Oír no concibe su ofensiva contra José Luis Rodríguez Zapatero como una querella aislada ni como una maniobra puntual. En sus documentos internos, el expresidente aparece como una figura escurridiza, acostumbrada —según su relato— a moverse entre grietas jurídicas, zonas grises diplomáticas y mediaciones sin acta. Precisamente por eso, la organización ha diseñado una estrategia que no depende de un solo tribunal, sino de tres escenarios distintos, pensados para cerrarle todas las salidas. Y eso es algo que aterra (y salpica) a Pedro Sánchez y a La Moncloa.

1. El frente nacional: la Audiencia Nacional como punto de entrada

El primer movimiento se produce en casa. La entidad presenta una querella en la Audiencia Nacional, el tribunal competente para delitos de carácter internacional, terrorismo, narcotráfico y crimen organizado. En ese escrito —y en su posterior ampliación— la organización sostiene que Zapatero no habría sido un mero observador del régimen de Nicolás Maduro, sino un colaborador necesario de su estructura de poder, facilitando contactos, legitimidad internacional y, según su tesis, actuando como intermediario en operaciones vinculadas al narcotráfico y al blanqueo.

El juez decide incoar diligencias previas. No es una imputación, ni una acusación formal, pero sí una grieta: el procedimiento existe. A partir de ahí, la Fiscalía entra en escena pidiendo el archivo por falta de indicios con Zapatero, y Hazte Oír interpreta ese movimiento como una señal de alarma. En su narrativa, el tiempo juega en contra: si la causa se archiva en España, el camino nacional quedaría cerrado.

Por eso, este frente no se concibe como definitivo, sino como la primera ficha del dominó.

2. El frente internacional: la Corte Penal Internacional como última instancia

Aquí es donde la estrategia adquiere una dimensión mucho más ambiciosa —y más costosa—. Hazte Oír anuncia su intención de acudir a la Corte Penal Internacional de La Haya, el tribunal que juzga crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y delitos cometidos por estructuras estatales o paraestatales.

La tesis es clara: si el régimen de Maduro está siendo investigado por crímenes contra la población civil, persecución política y narcotráfico como fenómeno sistémico, quienes hayan colaborado conscientemente con ese régimen podrían ser considerados cómplices. No se trataría de juzgar decisiones políticas, sino de determinar si hubo cooperación con una dictadura acusada de delitos internacionales.

Hazte Oír sabe que la CPI no actúa con rapidez ni con facilidad. Pero también sabe que no depende del Gobierno español, ni de la Fiscalía española, ni del PSOE. Es, en su diseño estratégico, el tribunal que no se puede “tocar desde Madrid”. Aunque el simple hecho de presentar una comunicación formal ante la CPI ya tendría, según la organización, un impacto político y reputacional enorme para Zapatero en el plano internacional.

No buscan solo una condena: buscan que el nombre quede vinculado a una investigación internacional.

3. El frente de Nueva York: Estados Unidos como escenario decisivo

El tercer eje es, quizás, el más delicado y el más simbólico. Hazte Oír pretende colaborar con la Fiscalía de Nueva York, donde se instruyen causas relacionadas con el régimen venezolano, el narcotráfico y el uso del sistema financiero internacional.

Según su versión, Zapatero estaría intentando posicionarse de nuevo como “negociador” o intermediario en el contexto posterior a la caída de Maduro, con el objetivo de blindarse jurídicamente y evitar que su nombre aparezca en procedimientos judiciales estadounidenses. La organización quiere adelantarse a ese movimiento y lograr que el expresidente sea mencionado, investigado o citado en el marco del juicio contra el chavismo.

Estados Unidos no juzgaría a Zapatero por política exterior española, pero sí podría investigar si ciudadanos o exdirigentes extranjeros colaboraron con redes criminales que operaban en su jurisdicción. Para ellos, este frente tiene un valor añadido: cuando entra Estados Unidos, el relato deja de ser doméstico y pasa a jugarse en la primera división judicial mundial.

Las tres vías judiciales se complementan con una cuarta, no escrita en códigos penales: la batalla por la imagen. Reportajes en prensa internacional, campañas visuales, lonas gigantes que conecten nombres y responsabilidades. La idea es simple y brutal: aunque no haya sentencia inmediata, que no haya silencio.

En el fondo, la estrategia de Hazte Oír no busca solo una condena penal —algo incierto y lento—, sino romper el papel de Zapatero como figura respetable en foros internacionales, erosionar su legitimidad como mediador y fijar en el imaginario colectivo la idea de una responsabilidad pendiente.

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