| 10 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Isabel Bonig ya le marcó el lunes la hora de salida a Pablo Casado. Ayer lo hizo públicamente también Belén Hoyo.
Isabel Bonig ya le marcó el lunes la hora de salida a Pablo Casado. Ayer lo hizo públicamente también Belén Hoyo.

El poder valenciano del PP que ha dado el empujón decisivo en la caída de Casado

Al paso decisivo de Belén Hoyo le siguió el apoyo de todo el PPCV a un cambio de rumbo. Esas dos decisiones sentenciaron a Casado en las horas definitivas del día clave

| H.G. Edición Valencia

El prolífico escritor romano Marco Tulio Cicerón se vanagloriaba de saber descifrar hacia dónde iba a soplar el variable viento de la política antes de que lo hiciera. Sabía anticiparse a los acontecimientos, como lo demuestra el legado de sentencias que dejó.

Entre esas frases que han pasado a la posteridad, unas cuantas le habrían sido de utilidad a Pablo Casado, el agonizante -políticamente hablando- presidente del Partido Popular. "Las enemistades ocultas y silenciosas son peores que las abiertas y declaradas", señalaba por ejemplo.

En los intensos días que está viviendo el PP y, a su rebufo, la atónita o divertida, según las afinidades, ciudadanía española, los acontecimientos se precipitan. Resulta complicado detectar cuál iba a ser el momento decisivo en el que la balanza se inclinaría ya de manera definitiva.

 

Y la diputada valenciana Belén Hoyo lo ha sabido. Su desmarque del apoyo incondicional al líder ha sorprendido más si cabe al tratarse de una política sin estridencias ni mensajes alejados del argumentario oficial del partido marcado por la cúpula. "Lo que dice el PP es lo que dice Pablo Casado", como el hasta hoy plenipotenciario Teodoro García Egea llegó a comentar para reflejar lo que consideraba pensamiento único en el PP. Y Hoyo seguía casi a pies juntillas ese axioma.

Cuando todo parecía incierto aún y se desconocía de qué lado podía decantarse la balanza, ella, presidenta del Comité Electoral todavía ayer, la ha inclinado. Su paso ha sido el primero del día y al que han seguido los del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y los de otros muchos teóricos afines a Casado. Hoyo ha sabido percibir el cambio del viento en el momento preciso y hacer público el descontento que miles de militantes del PP transmitían desde hace días. Su firme decisión ha exhibido con total nitidez la precariedad de la situación del trastabillado presidente del PP.

 

Casi a la misma hora de la mañana la secretaria general del PPCV, María José Catalá, seguía con el discurso genérico de unidad, aunque anticipando un comunicado. El alcalde de Alicante, Luis Barcala, fue un paso más allá con su petición de un congreso extraordinario. Seguía la línea de los dirigentes del PP al frente de autonomías. Faltaba el resto. Y aquí el papel de la Comunidad Valenciana, con la balanza ya inclinándose, resultaba decisivo para compensar o para acabar de desnivelar.

Ha hecho esto último. Sin declaraciones directas de su presidente, Carlos Mazón, aunque con un comunicado que ha tuiteado casi de inmediato. Curiosa que su antecesora, Isabel Bonig, se haya adelantado un día. Así el PPCV se ha subido al carro del congreso extraordinario, lo que, en la práctica, significaba pedir la dimisión de Casado. A mitad de mañana ese paso adelante para cambiar el PP daba el tiro de gracia político a su presidente nacional. A partir de ahí las restantes, hasta la región de Murcia fiel casi hasta el final al defenestrado secretario general, tuvo que seguir el ritmo.

A esos detalles se sumaban otros quizás menos llamativos, pero que ratificaban que el viento ya estaba completamente orientado hacia la dirección contraria a Casado, al que empujaba al vacío. Por ejemplo, la decisión de numerosos diputados de no acudir ante la urgencia de las llamadas del citado Teodoro García Egea, como la que tomó el diputado Luis Santamaría.

El PP de la Comunidad Valenciana ha demostrado que quiere un cambio de timón a nivel nacional. Ahora habrá que ver cuál es su papel en el futuro del PP.